5.2.07

¿SE TRATA SIEMPRE Y ÚNICAMENTE DE CURAR?







Beatriz Garcia Martinez, psicologa y psicoanalista en Madrid.


Quisiera desarrollar una de las cuestiones planteada por Santiago, titular del blog, en su artículo “la docta ignorancia”, cuando habla de la diferencia entre la demanda, lo que el paciente en principio pide al médico, y lo que desea, aquello que realmente se juega en su ser más íntimo, sin que el paciente sea consciente de ello. La paradoja de que la aspiración médica a curar no siempre coincide con la aspiración inconsciente del paciente, que puede no ser simple o puramente la curación. El paciente quiere dejar de sufrir, pero eso no es todo, aunque el sujeto en cuestión no pueda expresarlo.

Una primera consideración a tener en cuenta es que aquel malestar que trae al sujeto a la consulta, por molesto que resulte, a veces puede descubrirse tras un análisis minucioso, como aquello que ancla al sujeto a su existencia, aquello que orienta su peculiar modo de entender cuál es su lugar en el mundo. Esto no implica que la respuesta al paciente sea “usted realmente no desea curarse“, lo que causaría su lógica indignación, pues desconoce por completo el papel que juega su dolencia en su psiquismo. Lo que probablemente dará lugar a un mejor escenario es mostrar un interés por el sufrimiento, pero dando un tiempo antes de actuar, sobre todo en aquellas demandas que ya llevan un largo recorrido. Escuchar, que no equivale a comprender, es mostrarle al paciente que aquello que trae no es una tontería y que alguna significación debe tener.

Por otra parte, la exigencia de libertad absoluta del sujeto a decidir lo que quiere, signo de nuestros tiempos, como era de esperar se cuela también en la consulta del médico. El paciente pide, y el médico ¿tiene que responder a esa demanda? .O sino, ¿qué criterio puede guiar al médico? Por ejemplo cuando un paciente llega quejándose de sufrir acoso laboral -el famoso mobbing- y pidiendo medicación para la ansiedad sufrida ¿corresponde entender enseguida que se trata de un problema social con el que hay que solidarizarse?, o por el contrario, ¿por qué no dudar de si se trata de una manipulación del paciente sobre su entorno de trabajo, como les sucede a muchos médicos reticentes a dar una baja laboral?, ¿cómo saber?. Quizá convenga orientarse por la escucha del caso por caso, de cuál es la verdad del sujeto que está en juego y que él mismo desconoce. Si damos la misma respuesta a todos los casos de acoso o de lo que sea, lo que retorna es la cronificación, la fijación en el síntoma e incluso la depresión del sujeto como efecto del aplastamiento bajo el peso de una significación apoyada por lo social (soy una víctima de acoso, una mujer maltratada, una fibromiálgica, una anoréxica...), significación que el propio sujeto reclama para si a veces con gran viveza.

El malestar del médico ante la potencia de esta paradoja en el corazón mismo de su práctica, como decía Santiago, tiene algo de estructural. Sin embargo algo se pacifica cuando el médico orienta su práctica desde la ética de estar siempre del lado del paciente, antes que de las exigencias y desarrollos de la ciencia. Y estar del lado de alguien no siempre significa darle todo lo que pide, sino colaborar en comprender qué pide, por qué, a quién se lo pide realmente.

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