19.2.07

Notas sobre la transmisión del psicoanálisis.



Javier Carreño. Psiquiatra y psicoanalista en Vigo. Socio de la ELP.
En el principio era el verbo. Poco después, una mítica manzana nos habló de lo imposible de la relación sexual: Luego vinieron exilios, reyes, becerros de oro, profetas y muertos. Más tarde, un heredero de esta apocalíptica historia fue capaz de callarse para dar el verbo a una mujer aquejada de un indescifrable malestar. Y siguió siendo el verbo. Se adoró al redescubridor del verbo y se hicieron monumentos, manuales y aplicaciones. Todo se volvió “reverberante”. Nueva diáspora, nuevos profetas, nuevas peleas. Otro, de otra etnia y verborrágico, leyó las tablas del redescubridor del verbo en la lengua original, y nos trajo de nuevo el verbo. Vinieron después nuevas discusiones y aparecieron inventos nunca vistos que cambiaron lo real y que incluso hicieron creer al hombre que el verbo nunca había existido. Todo estalló y se rompió. Y también sangró. Sangró a “verbotones”. Hoy, muchos, hemos visto los botones que sobraron de este naufragio, y construimos de nuevo un traje que vista al verbo a la medida de nuestros días.

Desde su nacimiento el psicoanálisis ha sido dado por muerto en multitud de ocasiones. Se ha dicho que es un delirio judaico como el marxismo, se ha escrito horror acerca de la pansexualidad del psicoanálisis y, también ha sido denostado por su falta de cientificidad. Muchas de las teorías críticas al psicoanálisis han protagonizado estos comentarios. Muchas han desaparecido. Hoy el psicoanálisis se expande de nuevo por el mundo bajo el yugo escópico de morir en cualquier momento. En este trance, el psicoanálisis cabalga con el equipaje que porta alcance que han tenido sus ideas y elaboraciones en torno al ser humano. La clínica, la filosofía, la lingüística etc… no podrán desprenderse fácilmente de cuestiones que no cesan de escribirse y de preguntarse. Cualquier desarrollo riguroso en estas materias volverá ineludiblemente su mirada hacia el psicoanálisis, aunque sea para cambiar la nomenclatura o para renegociar campos semánticos. Pero claro, a los amantes del psicoanálisis nos gustará que se siga llamando psicoanálisis, y menudos somos con esta cuestión del nombre propio y del nombre del padre. Dependerá entonces, exclusivamente del alcance de nuestro deseo y de la capacidad para saber interpretar las claves de nuestra cultura. La compulsión al goce, el predominio de lo imaginario, las toxicomanías, el utilitarismo del vínculo y la “auténtica” (que no docta) ignorancia, son los hijos del sistema capitalista que llaman, ahora, a la puerta del psicoanálisis. Bueno, convengamos que llaman a cualquier puerta, normalmente la más cercana y la más fácil. El discurso analítico en su posición de reverso del discurso del amo ha de saber maniobrar en este mar, a fin de no caer como en otras épocas, en las disensiones, la desintegración, los cultos y el proselitismo. Digamos que es la época donde el verbo es lo que corre peligro y que detrás ya no queda nada. Quizás, queden sólo enjambres de neuronas huyendo en manada de los nuevos anestésicos. Quizás también, del otro lado, nos quede, el psicoanálisis, sus CPCT, la contracultura, la gratuidad y el arte. Hijos de un deseo no anestesiado.

Mañana un nuevo grupo de residentes de psiquiatría y psicología comienzan a preparar textos de Freud en Galicia. Este comentario sirve de homenaje.


Vigo 12 de Febrero


Javier Carreño. Psiquiatra y psicoanalista.