8.12.08

"Apuntes para una clínica del cuerpo, desde el psicoanálisis" (Primera parte)

Publicamos este texto en dos partes debido a su amplitud. Se trata de un texto presentado en el Taller de Psicoanálisis Aplicado del Nucep en Madrid.
Se trata de unos apuntes presentados para conversar.
En la segunda parte del texto se expondrá el síntoma como acontecimiento del cuerpo, el fenómeno psicoasomático y los fnómenos del cuerpo en la psicosis.

Por Santiago Castellanos.

“apuntes para una clínica del cuerpo, desde el psicoanálisis”.

Cuando me propusieron presentar un tema en el Taller de Psicoanálisis Aplicado del Nucep (Madrid) sobre psicoanálisis y Medicina, rápidamente se me ocurrió la idea de hablar acerca de apuntes para una clínica del cuerpo, la clínica del cuerpo es el punto de intersección del psicoanálisis y la medicina, aunque con herramientas diferentes.

1.-El paradigma del cuerpo-maquina.

Quiero partir de lo que plantea Lacan en el texto de Psicoanálisis y Medicina del año 1966, momento fundamental para Lacan en que se publican lo escritos.

En primer lugar, Lacan plantea que en la historia de la humanidad hay un corte radical que se define con la aparición en el siglo XVI del discurso de la ciencia.

Todas las teorías anteriores, las míticas, las cosmogónicas, las religiosas…eran un modo en que el ser humano se apoyaba en su existencia para tratar de encontrar una representación simbólica a los grandes problemas de la existencia y la sexualidad. Los hombres construyen mitos que durante mucho tiempo fueron un modo eficaz de adaptar el cuerpo al entorno.

Lacan sitúa el corte en la separación que hace René Descartes entre el cuerpo y la apariencia, entre lo que llama la res cogitans el pensamiento y la extensión, la res extensa. Lo que se desarrolla es una separación entre el cuerpo y el pensamiento. Esto es el corte fundamental para Lacan.

De esta forma se instala lo que es en la actualidad el paradigma de cuerpo-máquina- Este modelo pretende dar cuenta del funcionamiento y disfunciones orgánicas sobre el modelo de la reparación de una máquina, como un reloj que depende de la fuerza, de la situación y de la figura de sus contrapesos (El discurso del método, R. Descartes).

Para la medicina esta doctrina ha supuesto la consideración del cuerpo como una suma de órganos y aparatos cuyo funcionamiento puede explicarse a partir del modelo de las máquinas. Es decir, no se trata de decir que el cuerpo es una máquina, sino de concebirlo y explicarlo como si lo fuera. Entonces hay algo que deja de lado, abandona, queda como un resto, es la cuestión del sujeto y el deseo. De este resto se ocupará el psicoanálisis.

Para la ciencia hay un saber en lo real. Lo Real encierra un saber que el discurso de la ciencia supone y trata de cernir, de elaborar. Con el desarrollo de la biología molecular y otros avances científicos se puede operar desde el saber sobre lo real de la vida, se puede clonar una vida humana, se puede seleccionar genéticamente la filiación, se abre la posibilidad de que la fantasía de configuración de un ser humano sin falla, sin la falta pueda ser llevada a cabo. Tal y como dice E. Laurent “Un sueño en el cual podríamos considerarnos como máquinas con un funcionamiento asegurado, y si falla se podrían cambiar las piezas sueltas, de manera tal que pudiera funcionar de nuevo de manera normal, asegurándose una presencia normativizada en el mundo como tal. Eso es un sueño cientifista.” (Los órganos del cuerpo en la perspectiva psicoanalítica, 30.11.2006).

Lacan tradujo esto diciendo que el advenimiento de la ciencia está acompañado de la forclusión del sujeto. El sujeto del psicoanálisis es lo que queda, es el resto que escapa a la representación de las fórmulas y las pequeñas letras de la ciencia.

Es por esta razón que Lacan dice en el texto La ciencia y la Verdad “Que es impensable que el psicoanálisis como práctica, que el inconsciente, el de Freud, como descubrimiento, hubiese tenido lugar antes del nacimiento, en el siglo que ha sido llamado el siglo del genio, el XVII, de la ciencia”…

2.-Freud y el síntoma de conversión.

Para Freud el psicoanálisis es una ciencia pero intenta desarrollar una teoría que de cuenta de la integración de lo psíquico y lo somático. Una ciencia cuyo objeto es el aparato psíquico y cuyo método se establece a partir de la regla de la asociación libre.

Al mismo tiempo propone las claves para el diagnóstico diferencial de los fenómenos somáticos y los psíquicos. Freud, que se especializó en neurología, diferencia la lógica de la estructura anatómica del sistema nervioso central que hay en las afectaciones orgánicas, de la psicopatología que responde a la lógica de las representaciones mentales conscientes e inconscientes.

Freud trata de explicar desde el principio la articulación entre lo psíquico y lo somático y escribe en 1895 el Proyecto de psicología para neurólogos, inédito en la vida del autor por voluntad propia, que se publica en 1950 a partir de un manuscrito encontrado tras su muerte. En el proyecto encontramos la voluntad de Freud de elaborar un modelo teórico sobre el aparato psíquico compatible con los conocimientos de la neurología de su época, planteando la hipótesis de la especialización neuronal en tres tipos: neuronas perceptivas, de memoria y neuronas de sensación de calidad.

Considera que su articulación es de tal complejidad que abandona el camino de la elaboración de este modelo teórico y se ocupa del desarrollo de la teoría psicoanalítica y de la búsqueda de la causalidad de los procesos psíquicos y su relación con lo somático desde otra perspectiva, aunque sin abandonar totalmente su ideal cientifista.

Con este ideal cientifista ¿cómo aborda Freud la cuestión de la causalidad. Tomo como referencia para desarrollar este punto el texto de Miller en su discurso de clausura de I Jornadas del C. Freudiano en Andalucía (2001).

El punto de partida de Freud en la búsqueda de la causa era el de las ciencias de la naturaleza. La finalidad clásica del psicoanálisis está concebida como la de encontrar la causa del mal. Descubrir la causa del mal significa en si misma, curarla. El descubrimiento del inconsciente por Freud se realiza con el deseo de darle un estatuto de carácter científico. No hay que olvidar que Freud era un médico de su época y de ahí que en sus primeros textos se refiere por ejemplo a la etiología de la psiconeurosis. El se refiere al concepto de etiología como discurso de la causa.

Si hablamos de la naturaleza con la referencia del psicoanálisis en los tiempos de Freud hablamos de ella en tanto transformada por la física, la matemática, por Galileo, Descartes y Newton. Una naturaleza donde, a partir de ellos, se sabe como buscar las relaciones de causalidad.

Freud situó la sexualidad como la causa fundamental de los desordenes mentales, causa real y pasada. Causa sexual que se vincula con la memoria, considerando el propio inconsciente como una memoria que conserva recuerdos aunque el propio sujeto no lo sabe, recuerdos que no están a su disposición.

La importancia de la sexualidad para Freud en el funcionamiento del aparato psíquico no se reduce a la práctica de las relaciones sexuales. Propondrá la libido como la energía que vincula al sujeto con sus semejantes y el mundo exterior. Para Freud las experiencias iníciales de la vida, con los que le cuidan y le tratan dejarán marcas en el psiquismo como huellas. Las primeras experiencias de satisfacción son las bases constitutivas de una búsqueda que nunca cesará y que marcará la realidad de los vínculos afectivos del sujeto, aunque no lo sepa.

Esta es la problemática que Freud planteó con el concepto de represión y que le condujo a pensar que levantar la represión tendría por si mismo, un efecto de curación.

Este concepto perturba por completo el esquema de la causa y el efecto, o al menos lo complica, porque entre la causa y el efecto está la represión, porque hay un olvido, hay algo que está pero sin que pueda saberse. La represión perturba el propio concepto de causalidad. Por eso, la etiología freudiana perturba el propio concepto de causalidad. Así es como el discurso de las causas en Freud, siempre es un discurso de la causa doble: la causa sexual y la represión. La represión no se produce necesariamente en la misma época, sino que, por lo general la represión propiamente dicha se produce en otro momento. Así que toda la etiología freudiana está organizada en la doble causa.

A partir de aquí podemos considerar el hecho de que el primer nombre de síntoma en psicoanálisis es el síntoma somático, de conversión. Para Freud hay enfermedades que hablan y el toma la responsabilidad de hacernos entender la verdad de lo que dicen. Su instrumento para revelar esta verdad fue la palabra.

Para Freud el síntoma del corporal puede descifrarse, tiene un sentido. Es decir, que hay un sentido reprimido que puede descifrarse y encontrar las señales y los símbolos que nos permitan resolver la encrucijada del síntoma. Se trata de la huella de las palabras, de los significantes. En esa autovía podemos encontrar, uno de los carriles que es el del inconsciente, la vía regia para resolver el síntoma. El psicoanálisis sería la práctica clínica que permitiría al paciente encontrar el camino adecuado para resolver o aliviar el síntoma. Veamos una pequeña viñeta clínica.

Unos años después de iniciarme en el trabajo de la medicina acudió a mi consulta una joven actriz aquejada de un intenso dolor de rodilla que la impedía caminar y trabajar. El dolor se iba extendiendo por su cuerpo y sentía un gran cansancio. Una vez realizadas las exploraciones y pruebas adecuadas e informarle de que no se había encontrado causa que justificara su dolor me contestó que no sabía que hacer con el insomnio que también tenía desde hacía varios meses. Al preguntarle por lo que le había pasado me contestó que había fallecido su padre, pero que ella había sido la fuerte de la familia y que se había encargado de todos los asuntos. Le sugerí la necesidad de hablar de esta cuestión y de considerar que tal vez sí había alguna relación y que si ella no hablaba, quizá lo estuviera haciendo el cuerpo.

Contestó que hacía tres años falleció su hermana y que esto coincidió con la noticia de que su hermano estaba enfermo por el VIH. A ella se le cayó el pelo hasta casi quedarse calva, lo cual no es un síntoma cualquiera para una actriz. Su imagen se vio seriamente dañada ante el encuentro con algo “insoportable” en su experiencia de la vida, sin que tampoco pudiera en ese momento hacer el duelo de forma adecuada.

En esta ocasión ella había desarrollado un fenómeno psicosomático. Posteriormente, con el dolor de rodilla, podríamos decir que estaba haciendo un síntoma, sin lesión corporal, pero que le ocasionaba una gran incapacidad. Fue necesario el trabajo de elaboración del duelo para que el síntoma cediese, allí donde los analgésicos no habían demostrado eficacia alguna. El dolor de la muerte del padre había sido desplazado por un síntoma somático, ahorrándose en este cortocircuito la dolorosa elaboración que tuvo que realizar después sobre la figura del padre y las identificaciones que soportaban su vida.

Para Freud “los distintos síntomas histéricos desaparecían de inmediato y definitivamente, en cuanto se conseguía despertar con toda claridad el recuerdo del proceso provocador, y con él el afecto concomitante. Y describía el paciente con el mayor detalle posible dicho proceso, dando expresión verbal al afecto…” (El mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos).

La conversión es un síntoma que se inscribe en el cuerpo como descifrable por el saber inconsciente. Lacan dice que “el analista interpreta el símbolo y he aquí que el síntoma que lo inscribe en letras de sufrimiento en la carne del sujeto se borra” (Funcion y campo de la palabra).

Sin embargo, en la actualidad nos encontramos con casos clínicos que no corresponden a esta clínica, presentan una mayor complejidad, respondiendo a diferentes estructuras clínicas, desde la neurosis a las psicosis. Se hace necesario disponer de nuevas herramientas para poder abordar esta clínica, herramientas que fueron aportadas por Lacan.

3.-El cuerpo en la enseñanza de Lacan.

Para Lacan lo específicamente humano es que el organismo del viviente cuando adviene al mundo se encuentra con el lenguaje, y el cuerpo es el resultado de este acontecimiento inaugural. De esta forma establece una diferencia entre organismo y cuerpo.

En este encuentro entre el organismo y el lenguaje se nombra el cuerpo, sus partes, y se inscriben las huellas que finalmente van a determinar la vida de cada sujeto, incluida la enfermedad. Se trata de las huellas mnémicas a las que Freud describe como trazos en el aparato psíquico, y que Lacan sitúa como el intento de Freud de dar cuenta de la estructura significante.

Cuando Lacan habla del concepto de falla epistemosomática de la medicina sobre el cuerpo, en el discurso de la Salpetriere en 1966 (Psicoanalisis y Medicina), se refiere a la falla que se establece por el hecho de que la medicina no incorpora la incidencia del inconsciente, del lenguaje sobre el cuerpo. En el lugar de esa falla se puede alojar la práctica del psicoanálisis con los instrumentos que le son propios.

El cuerpo para el psicoanálisis no es el anatómico, sino el resultado del encuentro del organismo con el lenguaje.

Y es que el cuerpo también es susceptible de servir de soporte al significante. Todo en el cuerpo se presta a ello: la piel, los órganos, los humores, los fluidos del cuerpo, sus desperdicios. (Miller, Las psicosis Ordinarias).

Podemos definir diferentes momentos en la enseñanza de Lacan en los que va estableciendo su enseñanza y la manera de entender la articulación de lo psíquico y lo somático.

En el primer momento de su enseñanza, que Lacan llama “sus antecedentes” considera que para hacer un cuerpo se precisa un organismo vivo más una imagen. Lacan atribuye a la unidad de la imagen el sentimiento de unidad del cuerpo.

El "infans" no habla, aunque está sumergido en un baño de lenguaje, aún no dispone de la función de la palabra, hay una prematuración del nacimiento, padece de la experiencia de un cuerpo fragmentado, de un cuerpo que no puede gobernar. Sin embargo el campo visual está altamente desarrollado, hay una suerte de discordancia temporal entre su desarrollo motriz y el campo de la percepción visual.

En estas circunstancias en las que el niño no tiene la capacidad de caminar, de coger los objetos, si puede distinguir fácilmente las imágenes de su entorno, sucede la experiencia del espejo, que hay que entenderla como un dinamismo libidinal (su satisfacción manifiesta cuando está delante del espejo), pues allí se pone en juego el mundo libidinal de los objetos para el niño, y el rasgo fundamental de este dinamismo libidinal es que él va a identificarse con una imagen que le presta el otro, con una imagen total del cuerpo. El primer cuerpo de la enseñanza de la Lacan es el cuerpo de la imagen.

De ahí la pasión narcisista que emerge como consecuencia del poder totalizador de la imagen. Al final de su enseñanza Lacan insiste en que el hombre adora su cuerpo y se pregunta porqué está tan infatuado de su imagen. Aquí la imagen no tiene porqué coincidir con el ideal de la belleza, en la clínica se constata a veces lo contrario, que se producen fijaciones pulsionales cuyo sustrato es la deformidad.

En el segundo momento, a partir de Función y campo del lenguaje y la palabra en psicoanálisis se produce un viraje en su descripción y considera que es el significante el que introduce el discurso en el organismo.

En este momento el cuerpo se convierte en un conjunto de significantes, insignias, signos, letras, todo lo que Lacan desarrolla, por ejemplo, en el seminario V. Están los emblemas y también la necesidad de Lacan de armonizar esta nueva forma de presentar el cuerpo a partir del significante, con la manera precedente, es decir, el cuerpo como imagen total y fascinante.

El cuerpo no es un don de la naturaleza. A diferencia del organismo es un producto transformado por el discurso. El organismo animal deviene un cuerpo sintomático y pulsional en el ser parlante, el lenguaje afecta al organismo, lo desnaturaliza, lo modifica.

El ideal del yo es una insignia que viene a colmar la falla en ser del sujeto. El sujeto se identifica y se complementa con un significante porque precisamente falta el significante que sería el significante del sujeto.

El cuerpo de lo simbólico debe ser incorporado. Lacan dirá que el lenguaje es un cuerpo incorporal, precisamente porque es un cuerpo que se incorpora.

Las identificaciones primordiales del sujeto serán las identificaciones a esos significantes de la alienación primitiva, engendrados por la invocación del OTRO, y que escribimos: S1/S tachado. En la cura analítica se tratará de producir estos significantes identificatorios primordiales que comandan la vida del sujeto sin que él lo sepa, pues en cada sujeto habrá un repertorio limitado de los significantes de alienación al Otro (Alienación).

Pero al obtener un cuerpo por la incorporación del lenguaje se paga un alto precio pues esta operación negativiza el goce original y real, primario. El cuerpo queda de entrada desvitalizado, aunque no en su totalidad. Queda un resto de esta incorporación: la libido. La libido se implanta a nivel de las zonas erógenas, de los orificios del cuerpo, y viene a envolver o doblar el cuerpo con una función precisa: recuperar en el exterior el goce perdido, evacuado del cuerpo.

Es esa la disposición pulsional que apunta hacia los objetos libidinales separados del cuerpo. Objetos pulsionales, conceptualizados como objeto a. Lacan propone la operación de la separación que opone a la primera la alienación, que genera un plus de goce y produce el objeto de la satisfacción pulsional, el objeto a.

El sujeto se complementa con el Ideal del yo I(A) y con el objeto (a). El objeto lo vamos a encontrar a través del fantasma.

En el tercer momento de su enseñanza, para Lacan el hombre tiene un cuerpo, no es un cuerpo. (Conferencias Joyce el síntoma)

En el curso de la Orientación Lacaniana (Piezas sueltas, 2004-2005, clase IV), Jacques-Alain Miller desarrolla la concepción del cuerpo en la última enseñanza de Lacan, que comienza a partir del seminario Aún.

¿Qué quiere decir esto? ¿hacia adonde apunta? Tiende a establecer una disyunción entre el cuerpo y el ser. Esta disyunción es fundamental, puesto que en el pensamiento formulado antes del nudo borromeo, el ser y el cuerpo resultan identificados.

Es también lo que aparece formulado en el seminario Aún: el ser es un cuerpo, el cuerpo es el primer abordaje del ser. Precisamente la perspectiva borromea introduce el tener/haber, para establecer una disyunción entre el ser y el cuerpo.

Por esta vía deshace aquello que Lacan llamaba su hipótesis –según la cual el individuo afectado por el inconsciente es el mismo que el sujeto del significante-, y opera una disyunción entre el cuerpo y lo simbólico, de manera tal que la conjunción, de hipótesis o misterio, se convierte en problema. Es el motivo por el cual Lacan dirá parlêtre (hablanteser).

El hablanteser es exactamente un ser no aristotélico, un ser que no se sostiene en el cuerpo ni recibe su ser del cuerpo sino de la palabra, es decir del registro de lo simbólico.

El hablanteser tiene un cuerpo pero no lo es. Por esa razón puede dejarlo de lado y esto es lo que Lacan irá a buscar en el ejemplo de Joyce.

El registro de lo simbólico, una vez disyunto de lo real y de lo imaginario ya no es más un orden, ya no es más el orden simbólico.

El espíritu de los nudos, es esencialmente el modo según el cual Lacan señala la disyunción entre simbólico, lo imaginario y lo real fundada en el nudo. Su manera de recordar que el hombre es un compuesto (composite) y no una sustancia, que no es un ser sostenido en el cuerpo, un ser aristotélico.

Hay un encuentro entre lalengua y el cuerpo, y de ese encuentro nacen marcas, marcas inscriptas en el cuerpo. Eso es lo que Lacan llama el sinthome (sinthoma), es la consistencia de esas marcas.

Desde esa perspectiva que puede reducir el sinthoma a ser un acontecimiento propio del cuerpo, algo que le ocurrió al cuerpo en función de lalengua. Esta referencia al cuerpo es ineliminable del inconsciente.

Más adelante, Miller señala como en el fondo el análisis recurre al sentido; para reabsorber el enigma de la relación de lo simbólico con lo real, el análisis se establece en la relación de lo simbólico y lo imaginario. Es decir que allí recurre al sentido para hacer frente al goce enigmático.

En el texto: La experiencia de lo real en la cura analítica”, Miller introduce el concepto de "cuerpo viviente", lo que implica la relación entre un concepto como cuerpo del lado de lo imaginario y "viviente" del lado del organismo y de lo simbólico. Y dice que:

"no hay goce sino es a condición de que la vida se presente bajo la forma de un cuerpo, de un cuerpo vivoEso dice que no se trata solamente de cuerpo imaginario, no solamente del cuerpo bajo la forma de su forma. No se trata del cuerpo imagen, de aquel que nosotros conocemos, al cual nos referimos, porque es operatorio en el estadio del espejo, ese cuerpo especular que dobla el organismo. Cuando se habla de cuerpo vivo tampoco se trata del cuerpo simbóliconi imaginario ni simbólico, sino vivo, he aquí el cuerpo que está afectado del goce".

La teoría del ser hablante trata de los efectos del significante como afecto y no como significación, es decir, de sus efectos sobre el cuerpo. Y rápidamente diré que este efecto mayor es lo que Lacan llamó goce, el cual necesita el soporte de un cuerpo (La experiencia de lo real en la experiencia analitica).

Esto tiene consecuencias importantes para la clínica.

La hipótesis implica que el significante no tiene solamente efecto de significado, sino también de afecto en un cuerpo. El término afecto debe ser entendido en sentido amplio: se trata de lo que perturba, deja huella en el cuerpo. A mi entender, el efecto de afecto incluye también el efecto de síntoma, el efecto de goce e incluso de sujeto, pero de sujeto situado en el cuerpo y no como puro efecto de la lógica. Y cuando se trata de efectos durables, de efectos de permanencia, se puede, con razón, llamarlo huellas.

Es decir, Lacan renuncia al sujeto para inventar la categoría de ser hablante, donde el sujeto y el goce se presentan como una entidad nueva, la de un cuerpo afectado por el significante, un cuerpo conmovido, movilizado por el inconsciente.

Esto se puede observar en la clínica, no solamente es una teoría, es un hecho de la clínica. He podido observar como los ancianos, en ocasiones, habitados por el deseo de morir, consiguen su objetivo de manera rápida y eficaz. Así me lo confesó una mujer de algo más de 70 años, tras el fallecimiento de su marido y pude observar como en el corto periodo de dos meses su cuerpo se iba estremeciendo progresivamente hasta su muerte, lo real del organismo se descomponía, no se podía hacer nada. Para ella la vida ya no tenía ningún sentido, en su soledad ya había tomado esta respetable decisión y solamente se pudo acompañar este tránsito hacia la muerte. Lo real del organismo, desenganchado, desanudado de lo simbólico, del vínculo con la vida, no podía sostener sus funciones vitales.

1 comentario:

runescape gold dijo...

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