17.3.08

La reinvencion de los pacientes

"El cliente siempre tiene razón".

Publicamos, con la autorización de su autor, Juan Irigoyen, el artículo publicado en la revista Salud 2000 nº 113. De esta forma, iniciamos una serie de textos para abordar los problemas y el mealestar que se da en los sistemas sanitarios. Os invito a enviar colaboraciones.

La mutación de los sentidos de la asistencia sanitaria

En los últimos años se están produciendo

cambios en la asistencia sanitaria vivida

desde la perspectiva de los profesionales.

La institución social de la medicina está

siendo reformulada en algunos aspectos

que afectan a su identidad. El sistema sanitario

público otorga a los antiguos pacientes

la condición de clientes y proclama

su papel central en los servicios sanitarios.

El intenso desarrollo tecnológico y

organizativo en los últimos años, que tiene

como consecuencia una asistencia altamente

fragmentada y especializada, ha

suscitado la discusión acerca de la humanización

de la medicina. Ahora se trasciende

esta cuestión. Los usuarios son definidos

como clientes y su satisfacción se

reconoce como un objetivo esencial del

sistema en las políticas sanitarias. Se trata

de una transformación radical en la asistencia

sanitaria.

Se constatan cambios de gran complejidad

en las relaciones entre profesionales

y usuarios: se identifican intereses distintos

y cierta conciencia de los mismos. Este

hecho se expresa de forma desigual debido

al gran fraccionamiento tanto del sistema

como de los públicos receptores de

servicios. Este cambio es multidimensional

y multicausal. Indica simultáneamente

el efecto de cambios sociales y culturales

de gran alcance junto a transformaciones

del estado, las políticas sanitarias y las

profesiones.

El sistema sanitario tiene una significación

determinada por su contexto histórico

específico. La emergencia de una nueva

sociedad, y del correspondiente modelo

de estado, configura un nuevo entorno

en el que la hegemonía corresponde a una

nueva institución: la empresa-red. En coherencia

con este supuesto se produce un

reajuste general. El resultado en el sistema

sanitario es la adopción de un nuevo

enfoque en el que cada centro asistencial

se considera como una unidad productiva.

La lógica derivada del cambio es la

importancia atribuida a la eficiencia y la

satisfacción de los consumidores. Esta

mutación se contrapone con la naturaleza

del sistema sanitario tradicional, que entiende

la lógica de la eficacia definida en

términos rigurosamente profesionales.

La gran diferencia existente entre ambos

modelos, la gran autonomía de la organización

sanitaria respecto a su entorno y el

escaso período tiempo en el que opera esta

mutación generan diversos malestares

profesionales que tienen distintas manifestaciones.

La importancia de los sentidos en cualquier

sistema social u organización es determinante.

En el sistema sanitario ahora,

los antiguos sentidos de la asistencia, los

organizadores compartidos, son reemplazados

por nuevos sentidos introducidos

desde la gestión. La asistencia sanitaria de

calidad, definida profesionalmente en un

contexto de cambio tecnológico continuo,

y la consideración de los servicios sanitarios

como un pilar básico de la equidad

y la igualdad de oportunidades en la

sociedad ceden el paso a la adaptación a

una nueva sociedad de consumo. La alteración

de los sentidos en la asistencia sanitaria

implica una implosión que inevitablemente

genera desconcierto y hasta el

desamparo en numerosos profesionales.

Éstos vivencian la sustitución de algunos

supuestos básicos de la institución sanitaria

por otros inspirados en lógicas desconocidas

y externas. Se vivencia este proceso

como una subversión del sentido común

profesional.

La nueva realidad cotidiana que se expresa

en las relaciones asistenciales refuerza

el escepticismo. Aparecen múltiples

formas de microconflictos abiertos o

latentes. Se percibe una crisis de autoridad

frente a consumidores con diferentes

grados de coherencia. Se ahonda la incomprensión

respecto a los objetivos de

las políticas sanitarias. Aumenta la desconfianza

respecto a los gestores. Se genera

un clima en el que se expresan múltiples

tensiones larvadas. Los profesionales

se encuentran desbordados por la comunicación

gerencial intensiva, las políticas

públicas consumeristas y la diversidad

y heterogeneidad creciente de los distintos

públicos usuarios del sistema.

El origen de la clientelización

La adopción de la clientelización en los

sistemas sanitarios procede del entorno

global. No es una decisión específica sanitaria

en función de procesos internos.

Ésta representa un elemento de una propuesta

general de respuesta a la nueva sociedad

global emergente, claramente diferenciada

de las sociedades industriales

de los años sesenta y setenta que amparan

la expansión de los estados de bienestar.

El desencadenante de la mutación social

es la crisis tecnológica de los años setenta.

La crisis se resuelve por la emergencia

de un nuevo sistema tecnológico. Las

nuevas tecnologías que lo estructuran se

encuentran en una fase ascendente en

cuanto a su potencialidad creciente y las

aplicaciones que generan. Se conforma

un renovado sistema ciencia-tecnologíaindustria

que impulsa la reindustrialización

sustentada en una nueva organización

central: la nueva empresa-red. La

ruptura con las viejas empresas jerárquicas

de la era anterior es patente.

La nueva empresa, dotada de grandes

competencias para producir y dotada de

una poderosa organización interactiva,

necesita imperativamente una dirección

capaz de integrar el conjunto, dada la variabilidad

del entorno y la velocidad que

imprime el sistema productivo asentado

en los nuevos patrones tecnológicos. La

explosión de la gestión configura el elemento

central de la época: el nuevo geren-

cialismo. Lo que comienza siendo un nuevo

método de dirección termina configurándose

como una nueva ideología dominante

formulada en términos de discurso

único.

La velocidad que imprimen las nuevas

tecnologías determina la rápida renovación

de los productos y sus funciones. Los

productos evolucionan y se diversifican.

Así aparece el espacio de la clientelización.

Lo decisivo para las empresas no

son los productos que se renuevan en ciclos

cortos, sino los clientes. No se trata de

vender un producto a cuantos clientes sea

posible, sino de vender a un cliente cuantos

productos sea posible. El cliente es lo

único sólido en un mercado en continuo y

rápido movimiento.

Todo el sistema industrial y de servicios

se focaliza en el consumidor. Éste es

rehabilitado en el ámbito del saber. Ya no

es definido como ser carente de individualidad

que actúa según los determinantes

sociales derivados de su segmento.

Ahora se le entiende como un individuo

soberano, relativamente libre de las determinaciones

sociales, dotado de una singularidad

propia. Todas las empresas emprenden

la conquista de los compradores:

generar una relación de fidelidad donde la

compra no es un acto aislado, sino una cadena

de transacciones que refuerza la satisfacción

de ambas partes. En palabras de

los portavoces más significados del management,

de producir al cliente. Una voz

tan significada como la de Lewitt lo sintetiza

con precisión: «La misión de la empresa

es crear y mantener al cliente».

Este sistema productivo nacido de la

reindustrialización llena toda la sociedad.

Todas las instituciones sociales nacidas

en la era industrial anterior experimentan

una crisis por su dificultad de adaptarse a

la nueva sociedad. Se abre así un período

de reformas y reajustes en las que se asumen

los nuevos supuestos y se dan pasos

en la dirección del modelo de la nueva

empresa-red. Estas reformas presentan

grandes dificultades para su realización.

El sistema sanitario público presenta problemas

singulares para su reconversión a

los nuevos patrones imperantes. Pero sigue

la pauta de los demás sectores en el

tiempo presente. Primero se adoptan los

discursos gerencialistas y después se implementan

medidas organizativas puntuales

sobre el sistema anterior.

Las consecuencias más relevantes de

la reindustrialización y reorganización

del sistema productivo son la adaptación

de todas las instituciones y organizaciones

a los imperativos del mismo, así como

la crisis de las ideologías estructurantes

nacidas de la industrialización. El vacío

ideológico es ocupado por el neoliberalismo,

convertido en discurso único,

carente de antagonistas y presentado en

una variedad de formatos –excelencia,

gerencialismo e ideologías de consumo y

estilo de vida–. El neoliberalismo, con

sus énfasis en la calidad y la excelencia,

ocupa el espacio que dejan las instituciones

retrasadas respecto al esplendor del

nuevo sistema productivo. La empresared

se encuentra legitimada monopolizando

el rótulo del progreso frente a las

instituciones estatales que acumulan déficit

de legitimidad.

Los supuestos ideologicos de la clientelización

En el contexto social resultante de la reindustrialización,

el viejo estado de bienestar

no encaja. Por esta razón es sometido a

una readaptación desde los intereses, los

poderes y los saberes hegemónicos. La

aparición de nuevos paradigmas que amparan

las nuevas políticas públicas se consolida

en todas las esferas del estado. Los

modelos neoliberales expresados en las

ideas y conceptos económicos procedentes

de distintas teorías –la elección pública,

teoría del agente principal, teoría de

los derechos de propiedad o análisis de los

fracasos del sector público– facilitan la

consolidación del gerencialismo y los paradigmas

posburocráticos. En el sector

público se conforma un nuevo modelo cuyos

supuestos básicos se importan del

sector privado. Se desploman los conceptos

burocráticos y profesionales, e irrumpen

las nuevas ideas, creencias y valores

que simbolizan el cambio.

El gerencialismo es la síntesis de esta

mutación. Se presenta como un sistema

científico dotado de una nueva racionalidad

e inspirado en el rigor de las ciencias

exactas. Pone énfasis en lo cuantificable,

pretende formular leyes universales y establecer

reglas estándar. Su debilidad

consiste en la fragilidad de sus conceptos,

que construye mediante la generalización

de casos específicos. Parece difícil mantener

el postulado de la transferibilidad de

las soluciones en un medio tan complejo y

heterogéneo como el de las sociedades

contemporáneas. Los casos específicos

origen de las nuevas ideas siempre se encuentran

vinculados a condiciones singulares.

El escaso sustento teórico del gerencialismo

es patente. Carece de un sistema

de conceptos integrado y sistematizado.

Sus criterios lógicos y reglas de deducción

son frágiles. Así, los supuestos sobre

los que se asienta son variables y mudan

rápidamente.

En contraste con su escasa consistencia

teórica, el gerencialismo es eminentemente

práctico y orientado a la acción.

Produce múltiples imágenes, eslóganes,

ejemplos, etiquetas y metáforas. Se puede

definir su vocación de convocar a la actividad

por la sencillez de sus postulados,

que facilitan así su aplicación inmediata

presentándose como soluciones. Pero sus

propuestas carecen de un fundamento

teórico sólido. Se trata de un sistema de

acción focalizado a los resultados inmediatos.

Frente a la complejidad de los problemas

resalta la simplicidad de las soluciones.

El activismo termina por desplazar

a la reflexión.

Debido al contexto histórico en que

aparece, el apogeo de la nueva empresa

contrapuesta a las dificultades de las instituciones

sociales envejecidas comparece

como símbolo de la modernidad y la novedad.

Se construye un rígido eje de valoración

moderno/antiguo. Cualquier duda

o interrogación es interpretada como un

vestigio del pasado ignorado y atrasado.

Se presenta como verdad empírica del

presente.

El gerencialismo se constituye en una

ideología blindándose ante las realidades

que no encajan con sus supuestos. Se instituye

como un discurso que no se encuentra

sujeto a deliberación o crítica. Se presenta

como única posibilidad empírica y

sus postulados tienden a convertirse en

dogmas. Al no existir un proceso de revisión

crítica, se constituye en una doctrina.

Morin la define así: «La doctrina rechaza

la contestación, como rechaza toda verificación

empírico/lógica que le fuera impuesta

por una instancia exterior. Es intrínsecamente

irrefutable..., es dogmática

por naturaleza: el dogmatismo es precisamente

la unión de la rigidez, el blindaje, la

arrogancia doctrinarios. La doctrina po-

see la verdad ella sola, se arroga todos los

derechos, siempre es ortodoxa». La tendencia

a presentarse como verdad absoluta,

como aquello natural o inevitable, como

única forma de pragmatismo, refuerza

su carácter ideológico. La interrogación,

la deliberación, la contrastación y la

exploración son minimizadas.

Las metáforas incubadas desde el gerencialismo

desempeñan un papel decisivo

para explicar las realidades. El conocido

teorema de Thomas ilustra el proceso

de construcción social de la realidad. Si se

afirma una imagen de la realidad, esta

imagen termina produciendo efectos reales.

Así se configura lo real desde lo imaginario.

El postulado más débil del gerencialismo

es el de la transferibilidad de las soluciones.

Muchos de los supuestos que se

transfieren al campo sanitario son incompatibles

con sus especifidades. El desarrollo

económico, social y cultural de las

sociedades nacidas de la reindustrialización

no encajan mecánicamente con el de

la medicina. La sociedad de consumo modifica

sustantivamente el cuadro de valores

y relaciones sociales, generando efectos

sobre la asistencia sanitaria. Su complejidad

se incrementa notablemente. Se

confirma la paradoja de Barsky que constata

que cuanto más avanza la medicina y

mejoran los indicadores de salud, se produce

mayor descontento con la asistencia

médica.

La clientelización es un elemento que

adquiere su significación insertado en la

propuesta general del gerencialismo. Es

el espacio donde su naturaleza ideológica

se hace más patente. La conversión de

los antiguos pacientes en clientes supone

la construcción de un mercado imaginario

sobre una realidad sólidamente constituida,

el sistema sanitario público, de la

que se derivan reglas de comportamiento

diferentes del modelo del mercado. Se

pone de manifiesto la negación de las diferencias

y la invisibilización de los sectores

que no se ajustan al modelo imaginario.

Todos son empaquetados en grupos

diagnósticos según variables biológicas

y homologados como clientes. Es

evidente la disipación de un rasgo esencial

de las sociedades nacidas de la reindustrialización,

como es la acentuación

de las tendencias dualizadoras. La realidad

construida desde las premisas gerencialistas

no es aquella vivida por los profesionales

y los usuarios. Así se constituye

un factor que impulsa una crisis cultural

permanente.

El nacimiento de la nueva demanda sanitaria

La nueva sociedad resultante de los procesos

sociales derivados del cambio tecnológico

y la reindustrialización desde

los años ochenta altera la naturaleza de la

demanda sanitaria imperante en la época

anterior. Ésta es coherente con un sistema

industrial basado en la producción de

grandes series, una sociedad de consumo

relativamente homogénea fundamentada

en un sistema de diferenciación social basado

en la renta, y un sistema de estratificación

social que genera amplios sectores

de clases medias y de trabajadores industriales

y de servicios. El sistema sanitario

en esta época se beneficia de una expansión

de los medios diagnósticos y terapéuticos

y adquiere una gran legitimidad social.

En estas coordenadas se percibe como

una fábrica de diagnósticos y tratamientos.

Se mejora gradualmente la oferta

en tanto que aumentan los sectores sociales

que acceden a mayores niveles de

asistencia. En estas condiciones el núcleo

duro de la relación asistencial, caracterizado

por la asimetría entre las partes, la

definición de la situación por parte del

profesional, el contenido es la patología y

la solución depende de éste, es aceptada

socialmente. La demanda se expande

cuantitativamente, incorporando a sectores

sociales que con anterioridad carecían

de asistencia. Pero no existen contenidos

añadidos en la demanda, que permanece

invariable.

La sociedad emergente en los años

ochenta altera sustancialmente esta situación.

El nuevo sistema productivo se

constituye en un factor de cambio. Sobre

las nuevas bases tecnológicas se producen

bienes y servicios diversificados y renovados

en ciclos cortos. En este contexto es

imprescindible para el aparato productivo

estimular las necesidades. El consumo deja

de ser una señal de una posición social

en una escala de niveles de renta. Ahora

éste implica un sistema de diferenciación

social muy complejo que añade a la renta

distintos elementos culturales. El resultado

es la generación de un sistema total de

necesidades percibidas muy expansivo.

Éste afecta a todos los sectores. La demanda

sanitaria es influida y se configura desde

esas coordenadas globales.

Los procesos interactivos y comunicativos

en los que nacen y se expanden las

necesidades percibidas son el resultado

de la relación entre las nuevas empresas y

algunos segmentos de consumidores. De

este sistema nacen sectores sociales con

una gran capacidad adquisitiva y necesidades

expansivas. Algunos elementos de

los estilos de vida y las prácticas sociales

asociados a los mismos conllevan un plus

de sofisticación considerable. Estos estilos

de vida son mostrados y promocionados

para el conjunto social. Se construye

una carrera de necesidades. Las pautas de

consumo de los sectores con mayores recursos

funcionan como referencias para

sectores con menores recursos o incluso

con carencias básicas. Uno de los efectos

perversos de estos procesos es la erosión

del realismo, pragmatismo y austeridad

de los comportamientos de aquellos sectores

cuyas necesidades básicas no se encuentran

resueltas.

El sistema total de necesidades determinado

por la nueva sociedad de consumo

genera un conjunto de aspiraciones,

valores, expectativas y horizontes de espera.

Todas las esferas de la sociedad resultan

afectadas por este proceso social.

Se reconfiguran las demandas sectoriales

sobre las significaciones y sentidos derivados

del consumo. Todos los sistemas

productores de servicios se acomodan a la

nueva situación. Los servicios públicos y

sanitarios presentan dificultades para

afrontar la carrera de necesidades. El sistema

productivo y su capacidad de generar

productos, servicios y necesidades

percibidas es expansivo. Las necesidades

en continuo crecimiento no pueden ser

sostenibles. Cualquier sistema sanitario

tiene que ser por definición sostenible debido

al límite de los recursos.

El nuevo sistema rector de las necesidades

se encuentra articulado en torno a la

revalorización de la vida cotidiana, la maximización

de las capacidades físicas y

funcionales, el bienestar físico y psicológico,

y la autoestima personal. La demanda

sanitaria es entendida como calidades

esperadas por diferentes sectores de usuarios.

No existen discursos expresados formalmente

que la representen, sin embargo

su solidez y coherencia con el contexto

son patentes. Los antiguos pacientes de

los años setenta, que aspiraban a ser tratados

profesionalmente y a poder acceder a

todos los recursos del sistema sanitario,

ahora incrementan sus aspiraciones pro

cedentes de otros campos sociales. El problema

estriba en que el sistema sanitario

no puede responder a expectativas tan heterogéneas,

crecientes y renovadas. Así se

configura una espiral de tensiones para el

mismo.

La complejidad del campo de los usuarios

Los usuarios del sistema sanitario se caracterizan

por un alto grado de diferenciación

y heterogeneidad social y cultural.

La complejidad de las sociedades emergentes

en los años ochenta es evidente.

Coexisten varias sociedades diferenciadas

y contradictorias. Simultáneamente

se está configurando una sociedad de clases

medias sofisticadas en el consumo

junto con múltiples sectores en desventaja

social que resultan de las tendencias

dualizadoras determinadas por un nuevo

sistema productivo. El concepto de polarización

fragmentada representa elocuentemente

el conjunto resultante en el que

conviven dos polos muy diferenciados y

un alto grado de fragmentación en ambos.

Los usuarios del sistema sanitario configuran

un campo social específico. En el

mismo existen distintas fuerzas que interactúan

permanentemente. De ahí resulta

un movimiento constante de innovaciones,

reacciones, influencias, diseminaciones

y relaciones. En este contexto se

producen las calidades esperadas, así como

los valores y las ideas que las configuran,

y las prácticas sociales correspondientes

a los distintos segmentos componentes.

Las condiciones particulares de

los sectores presentes y la fluidez de las situaciones

producidas generan nuevos retos

a las políticas sanitarias universalistas

tradicionales.

En este campo social es preciso distinguir

a los grupos que generan las definiciones

de las situaciones que se explicitan

en nuevas demandas, que son transformadas

en señales para los demás sectores.

Éstos adoptan las innovaciones incorporándolas

a sus esquemas valorativos y a

sus prácticas. Se trata de núcleos influyentes

que funcionan a modo de polos de

atracción en el campo.

En el polo de los sectores con más recursos,

el primer sector influyente resulta

de un conjunto de transformaciones sociales

y culturales que han sido denominadas

con el rótulo de los valores posmateriales,

donde destacan la autogestión

personal, la calidad de vida entendida en

dimensiones cualitativas, la alta valoración

de las relaciones personales y una integración

social activa y multidimensional.

Desde estas coordenadas se generan

aspiraciones éticas, estéticas, afectivas y

político-culturales que trascienden al

consumidor centrado en la obtención de

bienes en el mercado. La exigencia principal

es generar una identidad personal referenciada

más allá de los bienes que expresan

la posición social. En el ámbito de

la salud se aspira a una relación más interactiva

con el profesional y a definir el

problema y la solución en el contexto biográfico

y de la vida cotidiana. Los inductores

de estos cambios son los movimientos

sociales surgidos en los años sesenta y

setenta que producen impulsos hacia el

cambio cultural.

Otro sector que genera exigencias es el

que produce demandas para que los servicios

sanitarios se equiparen con los estándares

de los servicios personales más

avanzados en la carrera de los servicios.

En este caso se trata de conseguir servicios

equivalentes a los mejores en el mercado.

Los principales son la personalización,

el ajuste de la solución a su persona,

el respeto a su singularidad subjetiva, la

codecisión, el confort, la información y el

ajuste a sus tiempos. Estos sectores son

los compradores de servicios sofisticados

en los mercados.

Estos dos segmentos influyentes son

quienes introducen demandas que terminan

siendo reconocidas por el sistema sanitario

y que se incorporan a las políticas

públicas. Además, son visibilizados por

otros segmentos que adoptan sus estándares.

Producen referencias y cadenas de

desplazamientos en la dirección que señalan.

Son quienes tienen voz, es decir, capacidad

de producir discursos que tengan

influencia en los procesos comunicativos

de elaboración, reconocimiento y expansión

de las necesidades. Sus asimetrías

con los profesionales se reducen considerablemente

por su acceso a la información

y experiencia en los mercados de servicios.

En el otro polo, los sectores en desventaja

social conforman un espacio creciente

en el campo de los usuarios. La reindustrialización

de los años ochenta tiene como

consecuencia una serie de desclasamientos

y reclasamientos que afectan a

numerosas categorías sociales. Al tiempo

que expande las clases altas y medias, genera

una situación de vulnerabilidad creciente

para numerosos grupos sociales

bien situados en el anterior sistema industrial.

En la nueva situación se configuran

distintos sectores frágiles por su relación

con el mercado de trabajo. Los trabajadores

precarios, discontinuos o con cualificaciones

escasas se encuentran en una situación

de desventaja esencial. El debilitamiento

de las antiguas relaciones sociales

protectoras acentúa la fragilidad. Numerosos

segmentos sociales se encuentran

en una situación de riesgo en distintos

grados. Las nuevas desigualdades sociales

adquieren una gran complejidad y dinamicidad

debido a la multidimensionalidad

de sus causas. Algunos sectores tienen

niveles educativos y cualificaciones

laborales altas. Su problema estriba en el

riesgo de no mantener la posición alcanzada.

Existe consenso acerca de la relación

existente entre el nivel de salud y la desventaja

social. Sin embargo, los factores

específicos relacionales y culturales característicos

de estos sectores no se encuentran

identificados en los modelos

asistenciales. Se privilegia la óptica del

consumo desde la que son irrelevantes o

consumidores retrasados. Se trata de un

conjunto carente de voz reconocida. Sus

intereses están infrarrepresentados en las

racionalidades técnicas que rigen las decisiones

en las políticas sanitarias. La persistencia

de los modelos asistenciales referenciados

exclusivamente en lo biológico-

patológico favorece que estos sectores

sean relegados mediante la ausencia

de las imágenes de los nuevos enfermos/

clientes.

El retraso y la subordinación de lo sociosanitario

evidencia esta situación. Muchos

problemas de salud sólo pueden obtener

respuestas con un mínimo de eficacia

considerando la integralidad de la situación

de los afectados. La convergencia

entre políticas sanitarias y sociales puede

afrontar los problemas de reintegración

social y capacitación personal de diversos

sectores de usuarios vulnerables caracterizados

por su problemática sociocultural

asociada a las etiquetas diagnósticas.

La complejidad del campo de los usuarios

es patente. En los márgenes se consti-

tuyen sectores específicos que también

son ignorados desde la perspectiva clínica-

consumerista imperante. Su presencia

se manifiesta mediante la aparición de

múltiples microconflictos, tensiones y

acontecimientos críticos. De la desregulación

laboral, la informalización creciente

de sectores productivos y la expansión

de la economía ilegal resultan múltiples

microcomunidades que viven en

contextos no regulados por las instituciones

y los sistemas normativos. Las lógicas

que se derivan en estos espacios sociales

implican la existencia de grupos con intereses

comunes que se aseguran mediante

relaciones de fuerza. Se producen modelos

culturales en los que coexisten altos

niveles de consumo con comportamientos

y formas de relación escasamente

compatibles con los propios del estado y

las organizaciones sanitarias públicas.

El nuevo proceso de individuación que

surge en el contexto de la crisis general de

las instituciones después de la reindustrialización

representa una novedad importante

para las relaciones asistenciales. Las

incertidumbres biográficas derivadas del

cambio continuo. La debilitación del nuevo

modelo de yo configurado por factores

vinculados a los estilos de vida y en el que

se difuminan las referencias colectivas

que han determinado la identidad. El incremento

de formas de personalidad que

subordinan lo social a lo individual. Todos

estos factores tienen efectos crecientes

en la nueva demanda sanitaria. La

construcción de un yo ilimitado basado en

sus experiencias de consumo y la autoimportancia

que se atribuyen termina generando

zonas de conflicto en cualquier

contexto de servicios personales. Estas

formas de comportamiento y relación se

encuentran en expansión.

La diversificación y complejización de

la exclusión social en la nueva sociedad es

evidente. Se produce una fractura en la relación

entre individuo-grupo, reforzándose

las trayectorias individualizantes.

Numerosas personas son desplazadas hacia

los márgenes de sus grupos de pertenencia

laboral-profesional y social, como

efecto de distintos factores. El riesgo se

instala en la cotidianeidad. Se debilitan

las solidaridades y los vínculos grupales.

La posibilidad de ser una víctima de situaciones

impredecibles se acrecienta.

La intersección de las categorías sociales

que estructuran el campo de los usuarios

con las propiamente patológicas implican

un alto grado de complejidad escasamente

asumible para las visiones gerencialistas

mercadocéntricas que imperan

en los sistemas sanitarios en la etapa actual.

Enfermedades con escasa respuesta

efectiva por parte de los dispositivos asistenciales

(Alzheimer, alimentación), patologías

crónicas en las que el objetivo

asistencial es la gestión continuada de la

enfermedad, enfermedades estigmatizantes,

problemas inevitables en poblaciones

envejecidas. La diversificación de

los intereses es evidente frente a la generalidad

de las respuestas fundada en el

concepto universalista de cliente.

La complejidad del campo de los usuarios

está en relación con un atributo esencial

propio de la sociedad nacida de la

reindustrialización, dotada de un poderoso

sistema productivo sobre una base tecnológica

expansiva que genera un nivel

de consumo alto en amplios sectores de la

sociedad. Su contrapartida estriba en los

altos costes sociales que genera. Múltiples

categorías sociales se encuentran en

situaciones de inestabilidad, riesgo, marginación

o exclusión. Riqueza y desintegración

social son las dos caras inseparables

de las actuales sociedades post. Los

costes sociales siempre terminan apareciendo,

aunque sean ocultados en los discursos

o pasen inadvertidos al no encontrarse

categorizados. El sistema sanitario

es un espacio en el que se hacen visibles

los desequilibrios sociales y las anomias y

malestares que producen. Todos los sectores

invisibilizados por la modernidad

gerencial terminan por comparecer inevitablemente.

La reinvención de los pacientes

La clientelización adoptada en las políticas

sanitarias de la época actual presenta

dificultades insalvables para ser implementada

en los servicios sanitarios públicos.

Forma parte de un modelo de mercado

intransferible en su integralidad al sector

público. Así se constituye en una clientelización

imaginaria coherente con lo

que se viene denominando como capitalismo

de ficción. El nuevo estado también

produce, en coherencia, elementos de ficción

y privilegia la ingeniería de la comunicación

para construir la compleja realidad.

La clientelización es un emblema de

esa realidad imaginaria propia de una

época caracterizada por una abundante riqueza

simbólica.

El concepto riguroso de cliente proviene

de una relación definida por la libertad

de elección del proveedor y el pago directo

de su servicio. Ésta es inseparable de un

mercado. Ambos atributos constituyen

las bases de poder que equilibran la asimétrica

relación social entre un profesional

y un cliente. Dotado de estos recursos,

el cliente puede influir en la relación haciéndola

más recíproca y centrada en sus

intereses. El profesional tiene que ajustarse

al intercambio respondiendo a las expectativas

del cliente. En los servicios

personales más avanzados se llega a definir

el servicio como coproducido por ambas

partes.

La asistencia sanitaria pública se encuentra

muy fragmentada en niveles asistenciales,

especialidades clínicas y de laboratorio

y servicios de apoyo. De esta

atomización resulta el laberinto asistencial.

Muchos procesos exigen generar itinerarios

de cierta complejidad. Los sectores

bien dotados de recursos poseen aptitudes

para verbalizar y estructurar su problema,

para descifrar la información recibida,

evaluar sus experiencias anteriores,

obtener información proveniente de sus

variadas relaciones sociales, utilizar su

saber adquirido en los mercados y comprar,

si fuera necesario, servicios privados

alternativos o complementarios que contribuyan

a resolver satisfactoriamente su

proceso.

Estos segmentos bien dotados de recursos

tienen una ventaja esencial. Aquellos

usuarios activos, exigentes, instruidos y

bien relacionados tienden a ser mejor tratados.

Tienen la posibilidad de construirse

un itinerario asistencial en el que no

pierden el control. Terminan por constituir

un grupo de presión eficaz, puesto que

en el caso de evaluar el servicio negativamente

tienen capacidad de recurrir a otro

sistema de servicios alternativo. Su sólida

posición se sustenta en la posesión de

unas bases de poder que pueden movilizar.

Por el contrario, en el otro polo del campo

de los usuarios, numerosos y diversos

sectores menos dotados de recursos sólo

pueden ser investidos como clientes en el

ámbito de la imaginería de la comunicación

gerencial. En su realidad vivida tienen

que aceptar el servicio aunque su calidad

se encuentre por debajo de sus expectativas.

Sus posibilidades de ejercer

presión son menguadas. Aparecen difuminados

en los resultados de las encuestas

de satisfacción fundidos con los sectores

de clientes- compradores verdaderos.

La heterogeneidad de estos sectores es

patente. En él se incluyen grupos que tienen

abundantes recursos educativos o de

información, pero no de salida a servicios

complementarios. Junto a éstos existen

grupos con capacidades de compra de servicios

alternativos, pero con déficit sustanciales

de recursos cognitivos y relacionales.

Otros contingentes de usuarios se

encuentran en situación de debilidad extrema.

Sus comportamientos se inscriben

inevitablemente en el fatalismo, indefensión

aprendida o cultura subordinada. Su

falta de poder conlleva una relación lejana

a la de los clientes-compradores.

Sólo aquellos sectores que poseen la

totalidad de los recursos señalados, económicos,

relacionales, educativos y cognitivos,

pueden construir una relación de

reciprocidad y ejercer cierto control en la

relación con el sistema. Aquellos que carecen

de alguno de los recursos, así como

los que no pueden aportar nada, acrecientan

su dependencia. De este modo se explican

algunos malestares cada vez más

manifiestos en el campo de los servicios

sanitarios, así como la multiplicación de

incidentes que desvelan la nueva conflictividad.

El modelo consumerista adoptado por

los estados en la época de la reindustrialización

es coherente con el nuevo sistema

productivo y con las relaciones de poder

imperantes, pero poco con las especifidades

del sector sanitario público. Los objetivos

focalizados en la satisfacción de las

expectativas producidas en un contexto

de explosión de necesidades percibidas y

de tanta heterogeneidad social son cuestionables.

Los sectores peor dotados de

recursos generan expectativas crecientes

debido a su posición en los procesos de

reconocimiento y adopción de necesidades

que se producen en el nivel del consumo.

Así se generan las bases de malestares

latentes.

La reforma de los sistemas sanitarios

desde la perspectiva de las ideologías gerencialistas

inspiradas en el mercado genera

una discriminación adicional en los

sectores sociales ya penalizados por el

mercado de trabajo y por otras instancias

sociales. Son convertidos en clientes

imaginarios, de modo que se subordinan

a las demandas producidas desde los sectores

sociales bien dotados.

De este modo son ignorados los determinantes

de sus usos del sistema sanitario.

Las políticas sanitarias se orientan

por valores consumeristas que subordinan

a la eficacia social. Se sobreentiende

que el estado debe producir servicios públicos

de calidad antes que valores públicos.

Así se corre el riesgo de proyectar la

responsabilidad de los problemas sobre

los sectores con mayores carencias. El

sistema puede terminar reforzando las

desigualdades sociales en vez de atenuarlas.

La reinvención del gobierno inicia un

proceso creativo que finaliza con la reinvención

de los pacientes. En los circuitos

profesionales apenas se percibe discusión

y deliberación al respecto. Pero los

profesionales sanitarios protagonistas de

la asistencia viven cotidianamente el desencuentro

entre los conceptos gerencialistas

y las realidades donde se hacen presentes

indicios de que algo no encaja

bien. Es el retorno inexorable de lo que ha

sido relegado.

Por Juan Irigoyen. Universidad de Granada.


Os invito a enviar colaboraciones.


10.3.08

MELANCOLIA Y DEPRESION

II CONVERSACIÓN CLÍNICA MORATALAZ-VICALVARO

Madrid, 14 de Marzo de 2008.
Hospital General Universitario Gregorio Marañon.

Volvemos a reunirnos, por segunda vez, para conversar sobre la clínica desde una perspectiva muy diferente y contando con diversos profesionales que apostamos por este modo de diálogo de intersección entre la otra psiquiatría y el psicoanálisis.

En esta ocasión el tema que nos convoca, melancolía y depresión, es de sumo interés en una época en que el auge de la llamada depresión, que ya no se sabe si es un síntoma o una enfermedad, esta siendo imparable.

¿Pero a que es debido esto? Probablemente no es ajeno a que en nuestra civilización, donde la técnica y la invitación al consumo no dejan de insistir, la felicidad aparece como un mandato al que todos debemos dirigirnos y lo tenemos todo a la mano con variados objetos, propuestas, manuales para llegar a poseerla. Aún así el sujeto no consigue instalarse en esta cultura de la felicidad sin padecer por ello: Entre la exigencia a ser feliz y la renuncia al propio deseo aparecería la depresión.

Freud en “Malestar en la cultura” comienza preguntándose por la felicidad para concluir con la culpa como inherente al ser humano al renunciar a su placer, incluso dice que “el precio del progreso cultural debe pagarse con el déficit de la felicidad”.

En nuestra época parecen haberse modificado los términos lo que no es sin consecuencias: bajo una ideología cientificista que des-responsabiliza al sujeto de sus actos e incluso en una sociedad que propone una nueva ciencia para alcanzar la felicidad, es el lema de los antidepresivos y de algunas terapias, el sujeto aparece desorientado, a la deriva, sin posibilidad de subjetivar lo que le acontece. Si uno no conoce en que anda enredado, si no conoce algo de su goce, no podrá arreglárselas mejor con su vida que en este punto no deja de ser cómica.

“Dice verdad quien dice sombra” refiere Paul Celan así que señores no seamos tan felices, por nuestro bien.

Ana Castaño.


PROGRAMA:

9.00 h. Recepción.

9:30 h. Apertura a cargo de Jose Jaime Melendo (Coordinador Asistencial de la Oficina Regional de Salud Mental) y Ana Castaño.

10:00 h. Mesa I: Cuestiones preliminares sobre afecto y subjetividad.

Coordina: Eva Rivas.

Intervienen: Juan de la Peña, Jorge Alemán e Ignacio Castro.-

12:15 h. Mesa II: Duelo y Melancolía.

Coordina: Lourdes Cerezo.

Intervienen: Ana Castaño y Javier Carreño.

15:30 h. Mesa III: La Depresión Contemporánea.

Coordina: Jose María Alvarez.

Intervienen: Carmen Cuñat y Graciela Sobral.

17:00 h. Caso clínico: "El peso de la firma".

Coordina: Obiana Guridi.

Presenta: Jorge Usón.

Comenta: Gustavo Dessal.


Enviar Inscripción al Fax 917727772 o al mail: comovil@gmail.com, CSM de Morataláz-Vicálvaro (Area 1), con el nombre, profesión, centro de trabajo, teléfono y mail. Aforo limitado.




1.3.08

Jaque a los antidepresivos.

En la mayoría de pacientes éstos fármacos solo tienen un efecto placebo

Los antidepresivos de nueva generación no funcionan salvo en los casos más graves y en la mayoría de los pacientes sólo tienen un efecto de placebo. Ésa es la conclusión de un estudio llevado a cabo por científicos del Reino Unido, Estados Unidos y Canadá que examinaron todos los datos existentes sobre ese tipo de substancias, incluidos los de pruebas clínicas que los laboratorios no publicaron en su día.

Los fabricantes de Prozac y Seroxat, dos de los antidepresivos más vendidos en todo el mundo, expresaron, sin embargo, su desacuerdo con los resultados del estudio. Así, un portavoz de los laboratorios británicos GlaxoSmitKline, que fabrica el Seroxat, explicó a los medios que el estudio había tenido en cuenta sólo un segmento pequeño de todos los datos disponibles mientras que Eli Lilly, fabricante de Prozac, dijo que la experiencia ha demostrado su eficacia como antidepresivo.

Los científicos compararon, sin embargo, el efecto en los pacientes a los que se administró alguno de esos antidepresivos con el obtenido en otros que recibieron tan sólo un placebo y descubrieron que la mejoría era muy similar en ambos grupos.

La única excepción se daba en aquellos pacientes que sufrían las depresiones más graves, según ha explicado el profesor Irving Kirsch, del departamento de psicología de la Universidad de Hull (Inglaterra), que participó en el estudio.

Pero esto último tal vez se debiese, según los científicos, a que en ese tipo de pacientes graves el placebo no funcionaba igual de bien y no a que los antidepresivos hubiesen surtido mayor efecto.

"Dados estos resultados, parece que no hay apenas motivos para recetar antidepresivos salvo en los casos de pacientes aquejados de las depresiones más graves y en los que han fallado los otros métodos", afirmó Kirsch. Según ese experto, las personas que sufren depresión "pueden mejorar sin recurrir a ese tipo de tratamientos".

Para el estudio, aparecido en la publicación especializada "Public Library of Science", se utilizaron los datos de 47 ensayos clínicos anteriores, además de una serie de datos inéditos conseguidos gracias a la legislación británica sobre libertad de información.

Las conclusiones a las que han llegado valen en el caso del Prozac (fluoxetina), del Seroxat (paroxetina), y de fármacos similares como Effexor (venlafaxina) o Serzone (nefazodone).

Según Tim Kendall, director adjunto de la División de Investigación del Royal College of Psychiatrists, los laboratorios publican por lo general sólo aquellos estudios que arrojan una luz positiva sobre sus productos.

El National Institute for Health and Clinical Excellence, del Reino Unido, recomienda a los facultativos que intenten otros métodos antes de comenzar a prescribir antidepresivos.

Desde su lanzamiento en Estados Unidos en 1988, aproximadamente 40 millones de personas han recurrido al Prozac, lo que ha supuesto miles de millones de dólares de ingresos para los laboratorios Eli Lilly.

Aunque la patente caducó en el 2001, la substancia utilizada en ese fármaco, la fluoxetina, sigue generando ingresos para la empresa ya que ahora es un ingrediente activo de Sarafem, píldora utilizada en el tratamiento del llamado "síndrome premenstrual".



Artículo de interés publicado en La Vanguardia. 26.02.2008.

4.2.08

Se constituye el Instituto de Psicoanalisis y Medicina




Nuevo año y nuevos proyectos.


Hemos constituido recientemente el Instituto de Psicoanálisis y Medicina
( www.institutodepsicoanalisisymedicina.es ), en Madrid.

Un centro asistencial, de carácter privado, que trabajará con la orientación del psicoanálisis aplicado a la terapéutica.

El Instituto de Psicoanálisis y Medicina está integrado por un equipo de profesionales que se propone atender una clínica que entrelaza el malestar psíquico y corporal. Una clínica para tratar el cuerpo afectado por los malestares de la subjetividad, y a la inversa.

Nos ocuparemos, especialmente, del tratamiento de la fibromialgia. Se considera la fibromialgia como un síndrome caracterizado por dolor crónico generalizado en el cuerpo, sobre todo en determinadas zonas musculares, que en algunos casos puede ser muy invalidante.

Su diagnóstico es clínico, siempre hay que descartar o confirmar otras enfermedades reumáticas y suele acompañarse de una gran cantidad de problemas físicos y psíquicos.

La fibromialgia es uno de los padecimientos paradigmáticos que han puesto en evidencia el fracaso de los tratamientos establecidos por la medicina y las deficiencias del sistema sanitario. Se han empleado diferentes medicamentos con fines muy diversos, pero solamente algunos de ellos aportan un discreto beneficio terapéutico. En general los pacientes circulan por el sistema sanitario sin encontrar el camino adecuado que les ayude a resolver la encrucijada en que les ha colocado su enfermedad.

Desde el Instituto de Psicoanálisis y Medicina abordaremos el tratamiento considerando los problemas de la esfera de lo mental y lo corporal, estableciendo un trabajo en equipo de los diferentes profesionales del instituto que intervengan en el plan terapéutico que se establezca. Desde nuestro punto de vista no existe un tratamiento estandarizado para la fibromialgia sino que hay la posibilidad de tratar a cada paciente según su realidad particular.

Al mismo tiempo nos ocuparemos de los otros trastornos en los que el cuerpo se vea afectado. La anorexia-bulimia, las toxicomanías, el síndrome de hiperactividad, los estados depresivos y las crisis de angustia, los pensamientos obsesivos y las compulsiones, los trastornos psicóticos y en general todos aquellos malestares del ser humano que precisan de una escucha y un tratamiento mediante la palabra. Al mismo tiempo se realizarán las intervenciones terapéuticas que desde la medicina y la psiquiatría se consideren necesarias.

Pretendemos ofertar una clínica sobre los problemas y malestares de la subjetividad y participar activamente en la extensión del discurso psicoanalítico en otras disciplinas, en particular la medicina. Esta es una tarea que no va a ser fácil.

Nos encontramos en un momento en que las tendencias más “biologicistas” de la psiquiatría y de la medicina se desarrollan y pretender imponer su hegemonía. Un momento en que el paciente tiende a convertirse en un número estadístico para la realización de una investigación o la evaluación de determinados modelos de gestión y eficiencia. Un momento en que el predominio absoluto del psicofármaco excluye la subjetividad del paciente, al que se prefiere “callado” para que sea menos molesto al imperio de las “neurociencias”. Para ellas, casi todo podría explicarse por el defecto o el exceso de determinados neurotransmisores o por la marca de determinada condición genética.

Desde el psicoanálisis podemos afirmar categóricamente que puede resultar mucho más eficaz escuchar al sujeto que se deprime, para encontrar la lógica de su malestar, que la nueva orientación que están tomando las corrientes más biologicistas de la medicina.

Una experiencia en la que los que vamos a trabajar pondremos todo nuestro empeño y experiencia: Gustavo Dessal, Rosa López, Ana Castaño, Beatriz García y Santiago Castellanos.

Santiago Castellanos.

25.1.08

"El psicoanalista está en camino de reinventarse"


Entrevista otorgada el
sábado 19 de enero de 2008
por Jacques-Alain Miller
al Diario Libération
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«Replegarse sería mortal para el psicoanálisis»

por ÉRIC FAVEREAU
Diario: sábado 19 de enero de 2008


Jacques-Alain Miller. Yerno de Jacques Lacan. Personalidad muy controvertida, director del departamento de psicoanálisis de la universidad Paris-VIII, Jacques-Alain Miller, 63 años, creó en 1981 la Escuela de la Causa Freudiana. En 1992, fundó la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Bajo su autoridad se publican los textos de los seminarios de Jacques Lacan, a cuenta gotas, se lamentan algunos. Es también alguien que polemiza. A la cabeza de la lucha contra la enmienda Accoyer, que quería legislar sobre la psicoterapia, retoma el combate contra los cognitivistas, obsesionados con la evaluación.

Organiza en la Mutualité en Paria, el 9 y 10 de febrero, un "gran meeting para que viva el psicoanálisis", sobre el tema: ¿qué política de civilización?


Se habla nuevamente de la enmienda Accoyer, que busca enmarcar el uso del título de psicoterapeuta. Provocó la ira de todo el medio analítico. Vuelve pero bajo una forma atenuada. Y usted, vuelve a la guerra…


El asunto de la enmienda está cerrado. No hay ningún contencioso después que Bernard Accoyer renunció a su primer texto, que se arriesgaba a definir las diversas psicoterapias. Su preocupación por regular el uso del título de psicoterapeuta fue escuchado por el medio psi, que, desde hace pronto tres años, es parte interesada en la concertación sobre el decreto de aplicación. Por el contrario, sí, para mí el combate se ha vuelto permanente.

¿Pero qué combate?

Freud dia gnosticó hace mucho tiempo un « malestar en la civilización". Estamos mucho más allá: todo el mundo siente que la civilización occidental tiende a volverse francamente invivible. Esto suscita revueltas, una guerra civil, pero que respeta las formas del debate democrático.

¿Ciertamente, pero qué guerra ?

Hay una guerra ideológica que opone, por una parte, los cuantificadores, los cognitivistas (1), con su pretensión creciente de regentear la existencia humana en todos sus aspectos, y por otra parte, todos aquellos que no se inclinan ante la cuantificación en todas partes. El fanatismo de la cifra, no es la ciencia, es su mueca. No hace mucho, la administración, era aún burócratas a la Courteline. De ahora en más, la electrónica pone entre las manos de las burocracias occidentales un poder inmenso de almacenamiento y de tratamiento de la información. Se han embriagado con eso, perdieron el sentido común. Las más afectadas son las de la Unión europea, herederas de las monarquías. Van hacia la vigilancia generalizada, de la cuna a la tumba. Aspiran al control social total. Se prometen remodelar al hombre en lo que tiene de más profundo. No se trata ya solo de "gobernar los espíritus", como quería Guizot, ni incluso sugestionarlos con olas de propaganda masiva.
Nuestros amos están tan confundidos por el progreso inusitado de las bio y nanotecnologías que sueñan con manipular en directo el cerebro con implantes y electrodos. Hasta tanto se pueda hacer eso, ¿por qué no poner a punto una humanidad higiénica, desembarazada de una buena vez de lo que Freud llamaba la pulsión de muerte, una especie humana mejorada, transhumana? Quedamos reducidos a decirnos: !por fortuna existe el papa! Pues cuando los débiles mentales tienen el poder, el progreso científico engendra utopías autoritarias que son verdaderos delirios megalomaníacos. Esto fracasará sin remedio, pero hasta tanto produce estragos. No hay que dejar hacer, incluso si los clivajes nuevos que suscita esta desmesura no obedecen ya a la lógica izquierda derecha


¿Pero, en qué concierne al psicoanálisis esos clivajes, que es del orden del dominio privado?


Desde comienzos del siglo XXI, la burocracia decidió que la salud mental de los pueblos formaba parte de sus atribuciones. Invadió los dominios de la escucha, de las terapias por la palabra, se ocupó de remodelarlas del principio al fin. En la práctica, esto quiere decir: atacar al psicoanálisis. Tratar de eliminarlo en provecho de la técnicas de persuasión, las terapias cognitivo comportamentales, que pretenden que sus efectos son cifrables, por lo tanto científicos. Es la impostura del cognitivismo. El cognitivismo, es decir la creencia que el hombre es análogo a una máquina que trata la información.

En esta óptica, se trata de hacerle escupir cifras al alma. Se mide a cuanto más mejor, se cuenta todo y no importa qué; los comportamientos, las casillas marcadas de los cuestionarios, los movimientos del cuerpo, las secreciones, las neuronas, los colores de la resonancia magnética, etc. Sobre estos datos recogidos de este modo, se elucubra, se los homologa a otros tantos procesos mentales que son perfectamente fantasmáticos, se imaginan haber puesto la mano sobre el pensamiento. En resumen, se divaga, pero como está cifrado parece científico. Todo un cúmulo de metáforas infiltró de este modo el discurso corriente, a fuerza de producir y de manejar máquinas, al hombre contemporáneo le gusta imaginarse ser una de ellas.


¿Un ejemplo ?

Nos explican que estar enamorado, ocurre cuando nuestra serotonina baja a menos del 40 %. Esto se midió en cobayos que aseguran piensa en el ser amado al menos cuatro horas por día. ¿El amor loco? Hace subir la dopamina. Por lo tanto si usted tiene propensión al amor loco, se trata sin duda de que tiene una pequeña falta de ese lado. Por el contrario, si usted permanece con la misma persona, es porque su tasa de ocitocina, llamada la hormona del amor…En resumen, se retranscriben sus emociones en términos cuantitativos, y el juego está hecho. Esta cuantificación enloquecida, que es un puro simulacro del discurso científico, se extiende por todas partes. Constituye la felicidad de la administración, la justifica, la alimenta, la incita a recubrir todos los aspectos de la vida.

¿Todo debe arrojarse en el cognitivismo ?

!Oh sí ! Es una ideología que mimetiza las ciencias duras. Pero si se ha extendido tan ampliamente, es porque expresa algo muy profundo, una mutación ontológica, una transformación de nuestra relación con el ser. Hoy, no estamos seguros de que algo exista si ese algo no es cifrable. La cifra se ha vuelto la garantía del ser. El psicoanálisis también descasa sobre la cifra, pero en el sentido del mensaje cifrado. Explota las ambigüedades de la palabra. En este sentido está en el polo opuesto del cognitivismo, a este le es insoportable.

Usted señala igualmente que esta ideología de la cifra está en vías de imponerse en la universidad…


La evaluación hizo su entrada en la universidad hace veinte años, pero hay un salto cuantitativo con la Agencia de evaluación de la investigación y de la enseñanza superior (la AERES). Es muy reciente: fue creada por la ley del 18 de abril de 2006 e instalada el 21 de marzo. Desde 1985, los organismos encargados de la evaluación se han multiplicado, pero los universitarios e investigadores estaban representados en sus direcciones, y habían aprendido a vivir con ello. Se acabó. Todo ha desaparecido en provecho de una agencia única, "autoridad administrativa independiente" que cubre el territorio nacional. Actúa bajo la autoridad de un consejo bastante raro, el ministerio nombra a los miembros por decreto. Ningún miembro elegido. Del mismo modo, el "delegado" nacional, responsable de cada disciplina, no emana, de ningún modo, de la comunidad de los investigadores, es designado por el presidente de la agencia. El sistema fue concebido por el Pr Jean-Marc Monteil, eminente psicólogo social cognitivista. Está encargado de la misión del gabinete del Primer ministro, mientras que la Agencia es presidida por el Pr Jean François Dhainaut, especialista en biotecnología. Delegado nacional para la psicología: el Pr Michel Fayol, sucesor del Pr Monteil en la universidad de Clermont-Ferand, la única de esa talla donde la psicología clínica es rigurosamente amordazada desde hace años. El Pr. Monteil me explicó sin risa que era en razón de su incompetencia notoria en la materia. La Aeres es un monstruo burocrático hipercentralizado y particularmente opaco: nada que ver con América. Recuerda más bien a la difunta Unión Soviética.

¿Cuál es el objetivo ? ¿Expulsar al psicoanálisis de la universidad?
El objetivo es rentabilizar la investigación. El resultado será muy diferente. En nombre de la planificación total y de la objetividad perfecta, se ejerce el sadismo sobre los universitarios y los investigadores. Se expanden pasiones tristes – inquietud, pérdida de estima de sí, depresión -, al mismo tiempo que con una dulce voz dicen. "Por favor, no tengan miedo!" Y al mismo tiempo, Sarkozy promete hacer de las universidades lugares de efervescencia intelectual. Esta usina a gas se romperá la cara, por supuesto, pero será mejor que sea lo antes posible. Aparte de esto, no solo el psicoanálisis es insoportable para los cognitivistas, es el método clínico, porque apunta a lo singular, en tanto que ellos solo juran sobre la estadística. Tienen horror del sujeto, no conocen más que "al hombre sin cualidad", como decía Musil.
.

Pero siempre ha habido un combate entre los clínicos y los cognitivistas…

Desde siempre, los clínicos tenían a los estudiantes y los cognitivistas tenían los títulos unviersitario. Lo que cambió, es que hoy los cognitivistas, amparados en su posición administrativa, intentan erradicar a sus competidores. Y lo lograrán, salvo si la tutela política reconoce que la unidad de la psicología es de ahora en más un mito. Entonces, se pondrá de un lado al psicoanálisis, la psicología clínica y la psicopatología. Y del otro a la psicología experimental y cognitivista. Cada dominio con sus competencias propias. A falta de lo cual, el psicoanálisis desaparecerá muy rápido de la universidad. Es lo que le expliqué a Valérie Pécresse, invitado por ella, y es lo suficientemente inteligente como para no permanecer en la memoria como la Atila del psicoanálisis.

¿Está es psicoanálisis en estado de defenderse ?

«Vivamos felices, vivamos escondidos », esta era la divisa de los psicoanalistas. Esto no se sostiene más. Replegarse en su terreno sería mortal para el psicoanálisis, pues ya no tiene terreno, simplemente. En resumen, los psicoanalistas no podrían dispensarse de tomar parte del debate público.
Además existen las prácticas. Hay que innovar. Cada vez más practicantes analizados reciben a sus pacientes en las instituciones. El psicoanalista está en camino de reinventarse. Constatamos que pueden producirse efectos analíticos en otras partes y no solo en el consultorio privado. Hace cuatro años que la Escuela de la causa freudiana ha abierto un centro psicoanalítico de consulta y tratamientos, en el Xmo distrito de París, que recibe gratuitamente a todo el que llega. Esto se extendió como un reguero de pólvora: con iniciativas locales, otros diez centros se han abierto en Francia. Cuatro en España, y también en Italia. En vista de los resultados, los poderes públicos los sostienen cada vez más. Esto testimonia una sorprendente evolución de las mentalidades. Logra alcanzar lo que Freud quiso hacer, dispensarios gratuitos



Usted no habla de la amenaza de la psiquiatría biológica y del peso preponderante de los medicamentos…

El psicoanálisis no es la cientología. El recurso a los psicotrópicos no está proscrito por principio..

¿Que pensó usted de la campaña nacional sobre la depresión ?

Es Knock a la milésima potencia. Un discurso masificante que trata de penetrar en lo más profundo de cada uno, para remodelar el sentido de sus emociones más íntimas. La ministra de Salud debió darse cuenta de que algo no andaba porque dio su auspicio a un coloquio que organizo sobre el tema.

Dejemos a los cognitivistas. ¿Puede haber miradas de evaluación sobre las prácticas analíticas? ?

La cultura de la evaluación es un señuelo. Se apela a ella para cumplir bajas necesidades bajo la cubierta de la objetividad. Se hace como si el saber absoluto posara su dedo sobre usted y le indicara lo que usted vale: usted solo tiene que decir amén. En la práctica, la evaluación está siempre en manos de una claque que hace sus cuentas. Es un procedimiento de tipo soviético. Es la última resistencia a la ley del mercado.

¿Usted prefiere las reglas del mercado?

Si hubiera que elegir entre la evaluación y el mercado, preferiría aún el mercado. Para evaluar el departamento de psicoanálisis de París VIII, que es el líder mundial para el psicoanálisis de orientación lacaniana, nos envían algunos desdichados cognitivistas que, ellos, van a remolque de la psicología americana: nos toman por chiflados. Nosotros los consideramos nulos.

Le control o el pase,¿ no es sin embargo una forma de evaluación?

Una elucidación, no es una evaluación. No se trata de ubicar valores sobre una escala preestablecida, sino de volverse disponible para la sorpresa del acontecimiento singular. El psicoanálisis es algo a medida, no la confección en masa. Dicho esto, en psicoanálisis, se nos juzga todos los días por sus resultados, pero no por expertos: sino por los que lo utilizan, por el consumidor.

¿Como reaccionó usted a la grilla de evaluación de los ministros, sugerida por el presidente de la Republica?

Folklórica. Nadie lo toma en serio. Es para desembarazarse de los ministros perezosos o que dejaron de gustar. Siendo así, el sarlozysmo es un muy curioso voluntarismo, que oscila entre el estatismo y el liberalismo. Napoleón o Raymosn Aron, Sarkozy no eligió, y eso vira a la confusión. Los socialistas, eligieron. El PS fue fragmentado en bandas, todos sus expertos son hiper evaluacionistas. Se convirtió en el partido del "hombre sin cualidades", el portavoz de los altos funcionarios: "¿El interés general? Nos conoce, vamos a calculárselos" No es seguro que la izquierda pueda ahorrarse su disolución si quiere renacer un día.
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(1) El congitivismo designa una corriente de investigación científica que sostiene la hipótesis de que el pensamiento es un proceso de tratamiento de la información
Traducción : Silvia Baudini (from eol-postal)
(From Libération)

15.1.08

De la lobotomía moral

Publicamos este artículo recogido del diario argentino Página 12, con fecha 13.01.2008, por su interés y por la reflexión que plantea. No creo que la medicación que se pretende utilizar sea eficaz para anular las consecuencias psiquicas y morales de la participación en la guerra por parte de los soldados norteamericanos. Pero estas medidas nos indican una tendencia sobre la función que podrían jugar determinados sectores de la psiquiatría y la medicina que nos recuerdan lo peor de la historia de la medicina.



Por Juan Gelman

No es el mero lavado de cerebros, del que se ocupan cotidianamente gobiernos como el de la Casa Blanca donde asientan sus traseros –única materia pensante que, al parecer, poseen– los autores de guerras infinitas, o ciertos medios, ciertas audiciones de radio, ciertas cadenas de televisión. Es algo más: es la mutilación de sentimientos morales como el arrepentimiento, la culpa, la memoria del horror, la solidaridad, la compasión, la repugnancia de matar a otros seres humanos y hasta la dignidad del combate. El Pentágono ha tomado medidas para que nada de eso asalte a sus soldados, que considera apenas material desechable. Se lo ha oficializado el Congreso de EE.UU.

La Ley de psicología Kevlar de 2007 faculta a la Secretaría de Defensa “a desarrollar y aplicar un plan de medidas preventivas y de intervención temprana, de prácticas o procedimientos que reduzcan la posibilidad de que el personal en combate padezca desórdenes post traumáticos (PTSD, por sus siglas en inglés) y otras psicopatologías relacionadas con el estrés, incluyendo la utilización de substancias” (www.opencongress.org, 31-7-07). La sustancia es el propanolol y esa preocupación tiene razones: casi el 40 por ciento de los soldados, un tercio de los marines y la mitad de los guardias nacionales que han luchado en Irak sufren graves trastornos mentales, según se asienta en un informe del Grupo de Tareas sobre Salud Mental del Pentágono (www.defense link.mil, 15-6-07). En el informe relativo a los suicidios en las fuerzas armadas estadounidenses después de la invasión y ocupación de Irak se registra que la tasa de efectivos que se dieron muerte por mano propia en el 2006 es la más alta desde 1980 (www.armymedicine.army.mil, 2006). La CBS informó en diciembre que, con base en una investigación que llevó a cabo, más de 6250 veteranos se suicidaron en el 2005, unos 17 cada día. Las bajas en el frente fueron mucho menores. La muerte no cesa de trabajar después de los tiros.

La lógica de la ley Kevlar es sencilla: si los chalecos antibalas protegen el físico de los militares estadounidenses, ¿por qué no emplear drogas para proteger su subjetividad? Desde la Segunda Guerra Mundial, el Pentágono viene desarrollando métodos para modificar los valores éticos que las familias y la escuela inculcaron a los reclutas. El teniente coronel Peter Kilner fue muy claro al respecto: “El entrenamiento militar moderno condiciona a los soldados para que reaccionen ante los estímulos y esto maximiza su capacidad letal, desbordando toda autonomía moral. Se condiciona a los soldados para que actúen sin considerar las repercusiones morales de sus acciones, se los torna capaces de matar sin tomar la decisión consciente de hacerlo. Si no pueden justificar ante sí mismos el acto de matar a otro ser humano, probable y comprensiblemente se sentirán muy culpables y esto se manifestará en un PTSD y dañará la vida de miles de hombres que cumplieron su deber en el frente” (The New Yorker, 5-7-04). El coronel Kilner es profesor de filosofía y ética en West Point. ¿Cómo definirá la ética en sus clases?

La cápsula de propanolol destinada a los efectivos estadounidenses tiene efectos varios. Es como una pastilla del día siguiente, atenúa o apaga la memoria de los horrores vistos y cometidos. Esta técnica de congelación de la sensibilidad y la memoria explica el miedo de las familias que se instala en los hogares cuando los veteranos vuelven y ejercen una violencia indiscriminada. También el número de violaciones dentro de las fuerzas armadas de EE.UU.: ascendieron a 2374 casos en el 2005, un incremento del 40 por ciento respecto del año anterior, y se trata apenas de los casos denunciados. El general K.C. McClain, comandante del grupo de tareas del Pentágono encargado de la prevención y respuesta a las agresiones sexuales en las propias filas, subrayó: “Los estudios indican que sólo se notifica el 5 por ciento de esos hechos” (www.defenselink.mil, 16-3-06). Si así fuere, tales agresiones habrían superado la cifra de 47000 en el año investigado, más de 130 por día. Una friolera, vamos.

Es notorio que el propanolol se emplea con fines terapéuticos, entre otras cosas para aminorar la presión sanguínea y poner coto a las arritmias del corazón. Algunos atletas lo utilizan a manera de dopping con el objeto de mejorar su rendimiento. Para el Pentágono es otra cosa: una garantía de que las tropas perpetren cualquier crimen sin cuestionamiento alguno y puedan seguir cometiéndolos. La ley Kevlar facilita la “cura” de los impulsos suicidas y los trastornos mentales que experimentan los efectivos norteamericanos mutilando su memoria y sentimientos. La lobotomía moral existe.

7.1.08

MORIR (PEOR) EN MADRID

Por Miriam L. Chorne
Psicoanalista en Madrid.

¿Por qué asistimos en España en los últimos tiempos a la invención de falsos debates que buscan crear confrontaciones, crispación y conflicto? Tras esa táctica hay un modo de ejercer la política que busca galvanizar los ánimos con cuestiones sin duda fundamentales, sólo que tomadas a contrapelo.

Un ejemplo cercano y grave de la búsqueda de la confrontación, lo constituye el manejo que hizo la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, de una denuncia anónima de que en el Hospital público Severo Ochoa se había practicado masivamente la eutanasia.

No sólo se dio publicidad a la denuncia anónima, pese a que ya había sido investigada sin que se hubieran comprobado los hechos motivo de la acusación, sino que la Consejería, ejercida en ese momento por M. Lamela, la llevó al fuero penal.

En junio de este año, 2007, el juez responsable del proceso, tras la intervención de numerosos expertos, resolvió archivar las actuaciones ya que “ni siquiera indiciariamente los hechos objeto de la denuncia” quedaron probados.

Sin embargo, el daño estaba hecho. La tormenta política se había llevado por delante al director y al gerente del Hospital, junto a cinco Jefes de servicio y por supuesto en primer lugar al coordinador de Urgencias de Leganés, Luis Montes y once médicos de su equipo. Junto con ellos se llevó también por delante el funcionamiento de un centro modelo de la sanidad pública en Madrid.

En una entrevista en este periódico (junio de 2007), L. Montes, formulaba la hipótesis de que la crisis se había utilizado como una cortina de humo. Servía para ocultar la política de desmantelamiento de la sanidad pública, en concreto la creación en cogestión privada de ocho nuevos hospitales en la región, modalidad de gestión que se anunció apenas una semana después del inicio del conflicto. Añadiendo en la misma entrevista que “Lamela ha conseguido que la gente muera peor que antes”.

Las nuevas formas de hacer política -a golpe de propaganda y sin que importe que lo que se diga sea mentira- resultan no sólo escandalosas sino que entrañan un enorme peligro. Sabemos que la experiencia de la gestión semiprivada de los hospitales en países cercanos ha resultado desastrosa, países como Inglaterra han visto como se enseñoreaba el interés económico de más corto alcance de su sanidad, en perjuicio de la salud de sus habitantes.

Con fines propagandísticos se tergiversan los términos en discusión en la confianza de que si se repiten suficientemente, penetran la opinión pública.

Ciertos lemas fuerzan erróneamente nuestra elección: enseñanza “laica o libre”, o “aborto o vida”, resultan equivalentes al engañoso debate entre “defensa de la vida o eutanasia”, enarbolado por la Consejería. Debería formularse con mayor exactitud como “cuidados paliativos versus encarnizamiento médico”.

La falsa opción transforma una postura ética en el ejercicio de la profesión, considerar que bien morir es un derecho ciudadano, en la transgresión de una ley fundamental: la prohibición de matar. Se busca de este modo dar la lucha en un terreno minado por sentimientos, más o menos inconscientes, que giran alrededor del tabú de la muerte. Seguramente no es una elección inocente. Si además la acusación sugiere que la eutanasia no fue autorizada por el paciente ni por la familia suscita una entendible reacción de alarma, y explica que la posición de los profesionales haya sido ante todo en un primer momento defensiva.

Tal vez ahora cuando ya se cuenta con la sentencia del juez se pueda contextualizar más ampliamente el problema a fin de que más allá de lo acontecido se puedan interrogar los fundamentos ideológicos de la denuncia de la Consejería.

La actitud ante la muerte

Aunque se quiere presentar el tema de la muerte como una cuestión de principios religiosos: la Consejería protegería la vida, y en consecuencia un valor de siempre y para siempre, se trata de una afirmación que no es verdadera.

Los historiadores de las mentalidades nos han enseñado que algunas dimensiones de la vida cotidiana cambian lentamente. Aparecen para nosotros como eternas, sin embargo contempladas en la larga duración son objeto de cambios profundos en la sensibilidad.

La actitud ante la muerte es una de esas dimensiones, como numerosos historiadores, antropólogos, etnólogos y sociólogos han mostrado en los últimos años. Entre ellos P. Ariès (Morir en Occidente), describió la inversión de la actitud ante la muerte del hombre occidental. Por evidentes razones de espacio sólo puedo esbozar algunos de los términos en juego.

El moribundo de la Alta Edad Media, por ejemplo, no sólo sabía por sí mismo cuando iba a morir sino que tomaba los recaudos necesarios para bien morir. La sencillez con que los ritos de la muerte eran aceptados y cumplidos, de una manera ceremonial, pero al mismo tiempo sin dramatismo, sin emociones excesivas, contrasta con la sensibilidad actual frente a la muerte.

El hombre de nuestra época experimenta cada vez mayor repugnancia para admitirla abiertamente -la suya y la del otro-

Una consecuencia necesaria de este rechazo es el aislamiento moral impuesto al moribundo, la ausencia de comunicación con las personas cercanas, y la medicalización de la actitud ante la muerte. Estos cambios culminan hoy en una verdadera dificultad para poder morir. La muerte aparece en nuestra época bajo el aspecto insólito del enfermo erizado de tubos y agujas, condenado a meses cuando no son años de una vida degradada.

De manera paradójica, P. Ariès habla de la muerte domesticada de la antigüedad en contraste con la muerte salvaje de nuestro tiempo. En una sociedad que se quiere progresista, la muerte resulta más solitaria simbólica y realmente.

P. Ariès utiliza la escena de la agonía de un gran historiador, el jesuita Dainville, para ilustrarlo. Teniendo en cuenta su situación desesperada el enfermo había convenido con el médico que no se realizaría ningún tratamiento “duro” para hacerlo sobrevivir. Sin embargo durante un fin de semana, y ante su agravamiento, un interno lo transfirió al servicio de reanimación de otro hospital, contra su voluntad. Un compañero del jesuita describe así el final: “La última vez que lo ví, a través del vidrio de una habitación estéril y sólo pudiendo hablar con él a través de un intercomunicador, yacía en una cama de ruedas, con dos tubos inhaladores en la nariz, y un tubo que le cerraba la boca”. Llevaba otros aparatos. Le dijo “Sé que no puede hablar… Me quedo aquí velando algunos instantes con usted”. Dainville entonces se soltó de un tirón los brazos atados y la máscara respiratoria y le dijo, antes de hundirse en el coma, “me despojan de mi muerte”.

Se trata de travestir el forzamiento a vivir en protección de la vida, añadiendo además, para sostenerlo mejor una justificación religiosa. Sin embargo, alguien tan poco sospechosos de atentar contra la vida como el Papa Juan Pablo II, cuando supo próxima su muerte se negó a ser nuevamente internado en la Clínica Gemelli, tal como lo cuenta J. Lozano Barragán, ministro de Sanidad de la Santa Sede, quien interpreta el acto del Papa como un rechazo del ensañamiento terapéutico.

La definición de la muerte

La idea misma de la muerte se ha modificado. De manera que lo que nos es presentado como la defensa de la tradición en el tema de la muerte aparece en verdad como un desarrollo reciente por el cual el poder político puede intervenir en decisiones vitales. La muerte se ha transformado en una cuestión técnica lograda mediante la suspensión de los cuidados, es decir de manera más o menos declarada, por una decisión del médico y el equipo hospitalario. Puede incluso poner en juego una decisión de un juez que autorice a los médicos a interrumpir los cuidados de un enfermo con independencia de que conserve la conciencia.

En un libro reciente, Homo sacer, (Pre-Textos), G. Agamben, uno de los teóricos actuales de la biopolítica denuncia el avance del control político sobre la vida de los individuos.

En el penúltimo capítulo del libro titulado “Politizar la muerte”, se refiere a un estudio de dos neurofisiólogos franceses sobre las nuevas modalidades de la muerte. La muerte en la actualidad, nos dice, está desintegrada, fragmentada, indeterminada, ya no se sabe cuando ocurre.

Estos científicos estudiaron un fenómeno denominado en medicina “coma depassé”, el ultracoma es un grado de coma que implica una pérdida mayor de las funciones vitales de las que antes eran necesarias para considerar a alguien muerto.

La definición del ultracoma que busca la paradoja (un estadio de la vida más allá del cese de todas las funciones vitales), sugiere que este estado es el precio no deseado de las nuevas tecnologías de reanimación. La supervivencia de este tipo de pacientes cesa automáticamente, casi de inmediato, si se interrumpen los tratamientos de reanimación. ¿Se trata en verdad de supervivencia? ¿Qué es esa zona de la vida que está más allá del coma? ¿En quién o en qué se ha convertido el enfermo sometido a ese tipo de tratamiento?

Agamben subraya que el interés del ultracoma va mucho más allá del problema científico de la reanimación. Lo que está en juego es la definición misma de la muerte.

Señala que la decadencia de los criterios tradicionales, sustancialmente los mismos durante siglos -el cese del latido cardíaco o la parada respiratoria- coincide -se pregunta si azarosamente- con el momento en que comienza un desarrollo veloz de las técnicas de transplante. El estado del ultracomatoso es la condición ideal para la extracción de los órganos, pero eso significa definir con certeza el momento de la muerte. Se considera así que la muerte cerebral debe ser el criterio. El concepto muerte, lejos de haberse hecho más exacto, oscila entre el polo de los criterios más tradicionales y el polo más reciente, entrando en la mayor indeterminación. La misma fluctuación se refleja en una oscilación análoga entre medicina y derecho, entre decisión médica y legal.

A Agamben le interesa destacar que el concepto de vida y el de muerte no son conceptos científicos sino conceptos políticos que sólo adquieren un significado preciso por medio de una decisión. Decisión que depende del ejercicio del poder soberano.

La sala de reanimación delimita así, para Agamben, un espacio de excepción en que aparece por primera vez una “nuda vida”, una vida a la que se puede dar muerte sin cometer homicidio, totalmente controlada por el hombre y la tecnología.

Entre los partidarios más decididos de la muerte cerebral se encuentran quienes reclaman la intervención del Estado, en un nuevo paso adelante de la biopolítica en las sociedades democráticas modernas.

El mundo contemporáneo con su promoción aparente de la secularización de la muerte reintroduce sin embargo una confusión de estos ámbitos - vida natural y existencia política - que conlleva un dominio mayor sobre la autonomía de los sujetos. “Cuando la mirada del poder soberano es un ojo que ve la muerte en la vida, que ve en todas partes la amenaza a la vida, encuentra en esa misma ubicuidad la excusa para su propio, insidioso y ubicuo control. Cuando la vida pasa a ser definida por la muerte, es permeable a la muerte y es permeable al poder” (J. Copjec, Imaginemos que la mujer no existe, ed. FCE).

Se trata para Agamben de la culminación del vínculo entre “nuda vida” -entendida como la vida corporal en tanto vulnerable- y el poder soberano en el transcurso de la historia. Así, afirma que “No la simple vida natural sino la vida expuesta a la muerte (la nuda vida) es el elemento político último.

En un artículo del periódico El País, “Cuerpos desnudos” (de marzo de este año), José L. Pardo denunciaba que para hacer la seguridad física deseable seguramente es necesario hacer previamente de la vulnerabilidad corporal algo visible. Hay que “propagar" la “fragilidad”, la “animalidad” y la “desnudez” física como los nuevos rasgos definidores de la humanidad”. Y añadía una prevención, que los miedos producidos con fines legitimadores puedan concluir en una suerte de profecía autocumplida, como ya lo ha probado la experiencia histórica.

El temor es que estos nuevos fantasmas físicos, que resultan a veces electoralmente tan rentables, terminen convirtiéndose en realidades ingobernables.

Miriam L. Chorne