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El autor del blog es psicoanalista en Madrid y especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Tratará sobre aspectos relacionados con la práctica del psicoanálisis y la medicina: fibromialgia, anorexia y bulimia,psicosis,trastornos depresivos y obsesivos,angustia. Está dirigido a médicos y otros profesionales sanitarios, psicoanalistas y a todos los que querais participar.
6.9.12
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27.5.11
"Ensamblajes"
Publico en el blog el texto escrito para el encuentro PIPOL V, en Bruselas.
Por Santiago Castellanos.
Por Santiago Castellanos
Auguste Rodin fue un escultor que renovó el concepto de modelado; jugó con los efectos de la luz en las superficies de sus esculturas, y contribuyó a un nuevo modo de expresar la vida y el movimiento, recurriendo a una libertad expresiva que le supuso la crítica de los escultores más tradicionales apegados a la idealización clásica y las poses retóricas. Al final de su obra, cuando ya era un artista reconocido, utilizó la técnica del “ensamblaje” en la que la obra de arte creada era el resultado de un juego de construcción que se burlaba de las leyes de la verosimilitud.
A juzgar por los testimonios de sus contemporáneos, el estudio de Rodin tenía una parte donde almacenaba las escayolas y los bocetos y partes de la figuras que había reproducido anteriormente (brazos, piernas…). Esas partes de los cuerpos de las esculturas, despedazadas, las guardaba en cajas. Conservaba escayolas y moldes para ello, de manera que una misma figura podía ser realizada en tamaño diferente y con una distinta postura de brazos o piernas. El escultor solía guardar no solo modelos completos, sino también fragmentos, dándoles vida de diferentes maneras, en diferentes contextos plásticos.
Aplicaba de esta manera lo que se llama la técnica del ensamblaje, en la que nuevos moldes eran construidos en nuevas figuras de otro orden. En estas nuevas obras el vacío que separa las figuras era tan importante como la propia materia y además podía hacerlo con la combinación de materiales y objetos distintos.
De esos restos, combinados alrededor del vacío en el ensamblaje, una nueva obra era posible.
Se trataba de la creación o de la invención de algo nuevo a partir de los restos y del vacío.
Así podríamos considerar la experiencia de un análisis que vaya más allá de los efectos terapéuticos que se producen de forma añadida. Un análisis llevado hasta el final estaría de lado de la invención y de la obra de arte, lo que nos separa radicalmente de los postulados de la ciencia que se imponen como discurso totalizador. Si para el psicoanálisis el síntoma es el punto de partida para realizar un trabajo de invención, para el discurso de la ciencia se trata de un trastorno a erradicar o normativizar. En el mundo en que vivimos el “tesoro” del síntoma se encuentra tan devaluado que cada vez pierde más valor, aunque no deje de escribirse por el funcionamiento y la satisfacción que incluye.
De los resultados de la experiencia analítica no habrá una solución universal, sino una solución singular para cada uno. Para ello hay que operar con las “piezas sueltas”, restos significantes y trozos de real del cuerpo para que algo nuevo pueda advenir en el régimen de la satisfacción y del goce.
Recuerdo la sesión más corta del análisis, que quedó grabada a sangre y fuego en mi memoria. Comencé diciendo que “el análisis está hecho de piezas sueltas” y el analista me contestó: “exactamente”, y dio por finalizada la sesión. Me levanté del diván y le comenté que no me daba tiempo a decirle lo que tenía que decirle y me respondió: “queda suelta”. Esta interpretación del analista no es cualquier cosa, para un sujeto obsesivo que siempre trata de cerrar por la vía del sentido todas las significaciones en un circuito que puede ser infinito, tratando de capturar lo real.
El resto de las sesiones de ese día trascurrieron por fragmentos y restos significantes. Efectos de sentido y sin sentido, que se inspiran en la modalidad del goce singular, y que se enuncian alrededor del agujero de lo real. El vacío ya es parte de la estructura de la experiencia del análisis por más que la experiencia misma invita a producir continuamente más y más sentido. Así es la neurosis. En la experiencia del análisis, el sentido invita a tratar de circunscribir lo ininteligible hasta que se llega a un límite, el límite de lo incurable, del que se trataría de dar testimonio en el procedimiento del pase. Lo incurable, reducido a su mínima expresión, puede ser el agujero negro alrededor del cual un nuevo régimen de satisfacción podría ser posible. Nuevos circuitos que ya no son escritos de forma absoluta por el guión del fantasma.
Entonces en la experiencia analítica se trata de otra cosa y podríamos decir que de lo que se trata, de la orientación a lo real, caminamos a contracorriente de los tiempos que habitamos. El utilitarismo, la eficiencia, lo que puede ser evaluado, la prisa, el coaching son algunos de los significantes amos de la época. Y en este contexto el discurso analítico trabaja a contracorriente.
En la convocatoria del encuentro Pipol V se habla de la antinomia del postulado de salud mental y del psicoanálisis, del bienestar “higienista” del discurso de la ciencia, de la evaluación generalizada y de los intentos de reducir la complejidad de lo humano a una cifra que pueda ser medida. Esta es la tensión y la presión en la que el discurso analítico tiene que proponerse como una posibilidad, tanto en el ámbito de la consulta privada como del trabajo en la institución pública.
Pero esa posibilidad incluye una imposibilidad, porque el deseo del analista no se produce en la experiencia del análisis para orientarse en la lógica de la terapéutica y del discurso del amo, sino por lo contrario. La práctica lacaniana juega su partida en la dimensión del fracaso porque el goce no es nunca el adecuado, siempre hay un más o un menos y un funcionamiento que trata de suturar ese agujero, aquello que Lacan denominó como que “no hay relación sexual”. Por esta razón el síntoma no cesa de escribirse. Esto es lo que hace objeción a la omnipotencia de la ciencia y es el punto de apoyo de nuestra praxis, aunque esta deba ser renovada.
Un paciente de 35 años, casado y con varios hijos habla en sus sesiones de cómo para él es un “síntoma de salud mental” el que cada cierto tiempo tiene que recurrir a amantes para encontrarse bien. Dice que esto no le causa mucha culpa porque no tiene nada que ver con su relación de pareja y que más bien cuando le ocurre esto se encuentra mejor con su mujer. Lo interesante de esta neurosis obsesiva, que termina por recubrir el goce propio con su fantasma particular, es que proponga que esta cuestión para él es una cuestión de salud mental. Este sujeto que se desenvuelve en la vida con cierto éxito y que sostiene todo tipo de defensas para evitar la división y la angustia, sin embargo no puede sustraerse del hecho de la inexistencia de la relación sexual. Su síntoma, que incluye un funcionamiento y una satisfacción, es su respuesta para recubrir un agujero, y cuando refiere que para él es una cuestión de “salud mental” nos esta diciendo que quiere sostenerse en ese reducido goce que lo transporta de su mujer a su amante sin apenas poder circular por otros circuitos. Curiosamente la defensa de su goce le lleva a hablar de “su salud mental”, aunque se trate de otra cosa.
Tal y como refiere J.A. Miller, en la clase de su seminario de Cosas de finura del 19.11.2008: “Contrariamente a lo que el optimismo gubernamental profesa, no hay salud mental. Lo que se opone a la salud mental y a la terapéutica que se supone que conduce a ella, es digamos la erótica. Esa erótica hace objeción a la salud mental. La erótica, es decir, el aparato del deseo que es singular para cada uno. El deseo está en el polo opuesto de cualquier norma, es como tal extra normativo.
Si el psicoanálisis es la experiencia que permitiría al sujeto explicitar su deseo, en su singularidad, esta experiencia no puede desarrollarse más que rechazando todo objetivo de terapia. La terapia, la terapia de lo psíquico, es la tentativa, profundamente vana, de estandarizar el deseo para que haga marchar al sujeto al paso de los ideales comunes, de un como todo el mundo”.
Podríamos considerar la topología de la banda de moebius para pensar la relación del psicoanálisis puro y el psicoanálisis aplicado a la terapéutica. Se pasa de un lado a otro sin cruzar ningún borde, lo que supone que de lo que se trata siempre es de cómo puede operar el deseo del analista independientemente del escenario en que se desarrolle. Por esta razón podríamos decir que hay una sola práctica del psicoanálisis cuyo resorte fundamental se ubica del lado del deseo del analista, que al mismo tiempo es producido por la experiencia analítica.
La presencia de los psicoanalistas en las instituciones es importante y su práctica puede estar orientada por una ética y un deseo que la avalan. La práctica privada del psicoanálisis no ofrece en si misma ninguna garantía porque puede convertirse en una suerte de psicoterapia lacaniana de larga duración. Lo mismo puede suceder a la inversa.
Es decir, es el deseo del analista el que interviene como operador fundamental y la garantía habrá que considerarla a partir de la experiencia del propio análisis, de la formación analítica, del control y del lazo con la comunidad analítica, que permite contrastar una experiencia con la de los otros, teniendo en cuenta que no hay una respuesta acerca de la pregunta de ¿qué es un analista?.
“El deseo del analista es esencialmente la suspensión de cualquier demanda del parte del analista, la suspensión de cualquier demanda de ser: no se les pide ser inteligentes, ni se le pide incluso ser verídicos, no se les pide ser buenos, no se les pide ser decentes, no se les pide más que hablar de aquello que se les pasa por la cabeza, se les pide entregar lo más superficial de lo que viene a su conciencia. Y el deseo del analista, es obtener lo más singular de lo que constituye su ser, es que ustedes sean capaces de ceñir, aislar, lo que los diferencia como tal y de asumir, de decir: yo soy eso, que no está bien, que no es como los demás, que yo no apruebo, pero es eso. Y eso solo se obtiene, en efecto, por una ascesis, por una reducción”. (J.A. Miller. Cosas de finura. 19.11.2008).
En lo público o en lo privado la práctica del psicoanálisis se desenvuelve en una coyuntura especialmente adversa.
De ahí la importancia de todo el trabajo de extensión y de presencia en la ciudad, de participación activa en los problemas de la civilización, del compromiso con los asuntos de la época que nos toca vivir. Las iniciativas que se preparan a través de los Forum son parte de esa estrategia que nos permite establecer un encuentro con sectores y aliados del psicoanálisis para que el discurso analítico pueda estar presente.
Desgraciadamente la presencia de los analistas en las instituciones es marginal y se trata de no acomodarnos en una extraterritorialidad que Lacan no dudó en criticar, no era al menos su posición. En cualquier caso hay que partir de la enorme dificultad en que este trabajo se desarrolla porque hay que reinventar continuamente esa práctica en la medida en que está sometida, cada vez más, a las exigencias del discurso del amo bajo el imperativo de la evaluación y de la cifra.
Estas exigencias son al mismo tiempo fuente de malestar en los profesionales que trabajan en las redes públicas de salud mental, cada vez más orientadas al tratamiento de las psicosis y sus diferentes modalidades. El rumbo que está tomando la psiquiatría no está exento de contradicciones porque se ampara en el “mágico” uso de las sustancias y el psicofármaco, excluyendo cada vez más la subjetividad en la práctica clínica, pero al mismo tiempo la subjetividad del médico también queda forcluida. La relación médico-paciente queda reducida de tal forma que también retorna en los profesionales de forma sintomática y a veces de angustia. El lugar del psicoanalista es difícil pero su discurso encuentra en algunas ocasiones algunos ecos que hay que rescatar.
En este contexto nos podríamos preguntar ¿de qué forma se puede articular el progreso del discurso analítico en una perspectiva en la que el orden simbólico desfallece y en la que la práctica lacaniana precisa ser renovada?
En la medida de que los psicoanalistas podamos avanzar en la perspectiva del psicoanálisis puro, de la formación del analista, podremos abrir la posibilidad de permanencia de nuestra práctica. Si no es así podríamos se arrasados por las corrientes totalitarias que tratan de imponer su hegemonía. La pinza de las neurociencias y de las TCC se estrecha cada vez más.
Es en este sentido, que las enseñanzas de los fines de análisis, o la transmisión de los analistas analizados, pueden proponernos el aire fresco que el psicoanálisis necesita para que no quede atrapado como una lengua muerta, sin posibilidades de reinvención. La supervivencia del psicoanálisis estará condicionada al hecho de que pueda demostrar por el procedimiento que le es propio: el de los finales de análisis de uno en uno y el de las consecuencias que ello produce en los analistas analizados, que esa posibilidad de reinvención existe.
Tal y como señala J.A. Miller en su discurso en Comandatuba: “Luego, existe la práctica Lacaniana o más bien, existirá, pues se trata de inventarla. Por supuesto, no se trata de inventar ex–nihilo. Se trata de inventarla en la vía que abrió en particular el último Lacan. Y esta práctica Lacaniana se deja presentir sin duda en lo que nos anima a nosotros mismos.”
De esta forma las nuevas generaciones de analistas podrán encontrar las coordenadas para que un nuevo deseo pueda advenir. Por otro lado, se debe de estar suficientemente analizado para no implicar el inconsciente del analista e interferir, de esta forma, en la dirección de la cura.
El debate abierto para el próximo Congreso Mundial sobre las consecuencias para la práctica lacaniana en un mundo cambiante tiene una importancia fundamental.
El 20 de septiembre de 1971, en la revista norteamericana TIME Magazine, Burrhus Frederic Skinner, psicólogo y fundador de una importante corriente a nivel mundial: el conductismo, la fuente de las llamadas Terapias comportamentales y cognitivo-conductuales (TCC), afirmaba en una entrevista, en la que presentaba su libro titulado: Mas allá de la libertad y la dignidad, que: “La libertad es un lujo, un riesgo, que la sociedad no puede permitirse… Si usted insiste en que los derechos individuales son el summum bonum, entonces toda la estructura de la sociedad cae hacia abajo…”
El periodista hace el siguiente comentario: “su mensaje es sorprendente para los no iniciados: no podemos permitir más la libertad, por lo que debe ser reemplazada por el control del hombre, su conducta y su cultura”.
Hoy esa afirmación tiene el respaldo científico necesario para llevarse a cabo como programa. Las neurociencias y las TCC forman una pinza que trata de ahogar la libertad creativa de la experiencia analítica, libertad creativa que se sostiene en el goce singular de cada uno y en las posibilidades de saber arreglárselas con eso (savoir y faire).
El psicoanálisis, nuestra práctica y nuestro discurso, insiste en que en medio de la feroz tendencia de nuestro presente a homogeneizarlo todo es necesario conservar ese estrecho margen de libertad que preserva lo incomparable de cada uno.
Hay en marcha un nuevo programa social para el siglo XXI en que se trata del control de la conducta humana. Esa es la significación que el concepto de salud mental ha tomado en nuestro tiempo. La lógica de todo está en los genes, la ilusión cientifista de que el ser humano puede ser reparado como si se tratara de una máquina, encuentra su complemento perfecto en los programas de normativización de las conductas que son encabezados por las TCC. Si la felicidad se propone como una posibilidad y la anulación del síntoma como una realidad la impostura está servida.
Podríamos considerar que de la misma manera que los mercados financieros tienen vida propia y escapan al control de los Estados y los gobiernos, el desarrollo de las neurociencias y sus aplicaciones en el campo de la subjetividad también tienen su autonomía, cada vez más cercana a los intereses de los mercados y más lejos del lado más amable que la ciencia tuvo hace décadas, como un medio del conocimiento y desarrollo para la humanidad.
El discurso analítico no puede vacilar ante este problema de civilización. Se trata de dar una respuesta de la buena manera, con las herramientas de que dispone, para proponer algo nuevo a partir de los restos y el vacío.
Por Santiago Castellanos.
Por Santiago Castellanos
Auguste Rodin fue un escultor que renovó el concepto de modelado; jugó con los efectos de la luz en las superficies de sus esculturas, y contribuyó a un nuevo modo de expresar la vida y el movimiento, recurriendo a una libertad expresiva que le supuso la crítica de los escultores más tradicionales apegados a la idealización clásica y las poses retóricas. Al final de su obra, cuando ya era un artista reconocido, utilizó la técnica del “ensamblaje” en la que la obra de arte creada era el resultado de un juego de construcción que se burlaba de las leyes de la verosimilitud.
A juzgar por los testimonios de sus contemporáneos, el estudio de Rodin tenía una parte donde almacenaba las escayolas y los bocetos y partes de la figuras que había reproducido anteriormente (brazos, piernas…). Esas partes de los cuerpos de las esculturas, despedazadas, las guardaba en cajas. Conservaba escayolas y moldes para ello, de manera que una misma figura podía ser realizada en tamaño diferente y con una distinta postura de brazos o piernas. El escultor solía guardar no solo modelos completos, sino también fragmentos, dándoles vida de diferentes maneras, en diferentes contextos plásticos.
Aplicaba de esta manera lo que se llama la técnica del ensamblaje, en la que nuevos moldes eran construidos en nuevas figuras de otro orden. En estas nuevas obras el vacío que separa las figuras era tan importante como la propia materia y además podía hacerlo con la combinación de materiales y objetos distintos.
De esos restos, combinados alrededor del vacío en el ensamblaje, una nueva obra era posible.
Se trataba de la creación o de la invención de algo nuevo a partir de los restos y del vacío.
Así podríamos considerar la experiencia de un análisis que vaya más allá de los efectos terapéuticos que se producen de forma añadida. Un análisis llevado hasta el final estaría de lado de la invención y de la obra de arte, lo que nos separa radicalmente de los postulados de la ciencia que se imponen como discurso totalizador. Si para el psicoanálisis el síntoma es el punto de partida para realizar un trabajo de invención, para el discurso de la ciencia se trata de un trastorno a erradicar o normativizar. En el mundo en que vivimos el “tesoro” del síntoma se encuentra tan devaluado que cada vez pierde más valor, aunque no deje de escribirse por el funcionamiento y la satisfacción que incluye.
De los resultados de la experiencia analítica no habrá una solución universal, sino una solución singular para cada uno. Para ello hay que operar con las “piezas sueltas”, restos significantes y trozos de real del cuerpo para que algo nuevo pueda advenir en el régimen de la satisfacción y del goce.
Recuerdo la sesión más corta del análisis, que quedó grabada a sangre y fuego en mi memoria. Comencé diciendo que “el análisis está hecho de piezas sueltas” y el analista me contestó: “exactamente”, y dio por finalizada la sesión. Me levanté del diván y le comenté que no me daba tiempo a decirle lo que tenía que decirle y me respondió: “queda suelta”. Esta interpretación del analista no es cualquier cosa, para un sujeto obsesivo que siempre trata de cerrar por la vía del sentido todas las significaciones en un circuito que puede ser infinito, tratando de capturar lo real.
El resto de las sesiones de ese día trascurrieron por fragmentos y restos significantes. Efectos de sentido y sin sentido, que se inspiran en la modalidad del goce singular, y que se enuncian alrededor del agujero de lo real. El vacío ya es parte de la estructura de la experiencia del análisis por más que la experiencia misma invita a producir continuamente más y más sentido. Así es la neurosis. En la experiencia del análisis, el sentido invita a tratar de circunscribir lo ininteligible hasta que se llega a un límite, el límite de lo incurable, del que se trataría de dar testimonio en el procedimiento del pase. Lo incurable, reducido a su mínima expresión, puede ser el agujero negro alrededor del cual un nuevo régimen de satisfacción podría ser posible. Nuevos circuitos que ya no son escritos de forma absoluta por el guión del fantasma.
Entonces en la experiencia analítica se trata de otra cosa y podríamos decir que de lo que se trata, de la orientación a lo real, caminamos a contracorriente de los tiempos que habitamos. El utilitarismo, la eficiencia, lo que puede ser evaluado, la prisa, el coaching son algunos de los significantes amos de la época. Y en este contexto el discurso analítico trabaja a contracorriente.
En la convocatoria del encuentro Pipol V se habla de la antinomia del postulado de salud mental y del psicoanálisis, del bienestar “higienista” del discurso de la ciencia, de la evaluación generalizada y de los intentos de reducir la complejidad de lo humano a una cifra que pueda ser medida. Esta es la tensión y la presión en la que el discurso analítico tiene que proponerse como una posibilidad, tanto en el ámbito de la consulta privada como del trabajo en la institución pública.
Pero esa posibilidad incluye una imposibilidad, porque el deseo del analista no se produce en la experiencia del análisis para orientarse en la lógica de la terapéutica y del discurso del amo, sino por lo contrario. La práctica lacaniana juega su partida en la dimensión del fracaso porque el goce no es nunca el adecuado, siempre hay un más o un menos y un funcionamiento que trata de suturar ese agujero, aquello que Lacan denominó como que “no hay relación sexual”. Por esta razón el síntoma no cesa de escribirse. Esto es lo que hace objeción a la omnipotencia de la ciencia y es el punto de apoyo de nuestra praxis, aunque esta deba ser renovada.
Un paciente de 35 años, casado y con varios hijos habla en sus sesiones de cómo para él es un “síntoma de salud mental” el que cada cierto tiempo tiene que recurrir a amantes para encontrarse bien. Dice que esto no le causa mucha culpa porque no tiene nada que ver con su relación de pareja y que más bien cuando le ocurre esto se encuentra mejor con su mujer. Lo interesante de esta neurosis obsesiva, que termina por recubrir el goce propio con su fantasma particular, es que proponga que esta cuestión para él es una cuestión de salud mental. Este sujeto que se desenvuelve en la vida con cierto éxito y que sostiene todo tipo de defensas para evitar la división y la angustia, sin embargo no puede sustraerse del hecho de la inexistencia de la relación sexual. Su síntoma, que incluye un funcionamiento y una satisfacción, es su respuesta para recubrir un agujero, y cuando refiere que para él es una cuestión de “salud mental” nos esta diciendo que quiere sostenerse en ese reducido goce que lo transporta de su mujer a su amante sin apenas poder circular por otros circuitos. Curiosamente la defensa de su goce le lleva a hablar de “su salud mental”, aunque se trate de otra cosa.
Tal y como refiere J.A. Miller, en la clase de su seminario de Cosas de finura del 19.11.2008: “Contrariamente a lo que el optimismo gubernamental profesa, no hay salud mental. Lo que se opone a la salud mental y a la terapéutica que se supone que conduce a ella, es digamos la erótica. Esa erótica hace objeción a la salud mental. La erótica, es decir, el aparato del deseo que es singular para cada uno. El deseo está en el polo opuesto de cualquier norma, es como tal extra normativo.
Si el psicoanálisis es la experiencia que permitiría al sujeto explicitar su deseo, en su singularidad, esta experiencia no puede desarrollarse más que rechazando todo objetivo de terapia. La terapia, la terapia de lo psíquico, es la tentativa, profundamente vana, de estandarizar el deseo para que haga marchar al sujeto al paso de los ideales comunes, de un como todo el mundo”.
Podríamos considerar la topología de la banda de moebius para pensar la relación del psicoanálisis puro y el psicoanálisis aplicado a la terapéutica. Se pasa de un lado a otro sin cruzar ningún borde, lo que supone que de lo que se trata siempre es de cómo puede operar el deseo del analista independientemente del escenario en que se desarrolle. Por esta razón podríamos decir que hay una sola práctica del psicoanálisis cuyo resorte fundamental se ubica del lado del deseo del analista, que al mismo tiempo es producido por la experiencia analítica.
La presencia de los psicoanalistas en las instituciones es importante y su práctica puede estar orientada por una ética y un deseo que la avalan. La práctica privada del psicoanálisis no ofrece en si misma ninguna garantía porque puede convertirse en una suerte de psicoterapia lacaniana de larga duración. Lo mismo puede suceder a la inversa.
Es decir, es el deseo del analista el que interviene como operador fundamental y la garantía habrá que considerarla a partir de la experiencia del propio análisis, de la formación analítica, del control y del lazo con la comunidad analítica, que permite contrastar una experiencia con la de los otros, teniendo en cuenta que no hay una respuesta acerca de la pregunta de ¿qué es un analista?.
“El deseo del analista es esencialmente la suspensión de cualquier demanda del parte del analista, la suspensión de cualquier demanda de ser: no se les pide ser inteligentes, ni se le pide incluso ser verídicos, no se les pide ser buenos, no se les pide ser decentes, no se les pide más que hablar de aquello que se les pasa por la cabeza, se les pide entregar lo más superficial de lo que viene a su conciencia. Y el deseo del analista, es obtener lo más singular de lo que constituye su ser, es que ustedes sean capaces de ceñir, aislar, lo que los diferencia como tal y de asumir, de decir: yo soy eso, que no está bien, que no es como los demás, que yo no apruebo, pero es eso. Y eso solo se obtiene, en efecto, por una ascesis, por una reducción”. (J.A. Miller. Cosas de finura. 19.11.2008).
En lo público o en lo privado la práctica del psicoanálisis se desenvuelve en una coyuntura especialmente adversa.
De ahí la importancia de todo el trabajo de extensión y de presencia en la ciudad, de participación activa en los problemas de la civilización, del compromiso con los asuntos de la época que nos toca vivir. Las iniciativas que se preparan a través de los Forum son parte de esa estrategia que nos permite establecer un encuentro con sectores y aliados del psicoanálisis para que el discurso analítico pueda estar presente.
Desgraciadamente la presencia de los analistas en las instituciones es marginal y se trata de no acomodarnos en una extraterritorialidad que Lacan no dudó en criticar, no era al menos su posición. En cualquier caso hay que partir de la enorme dificultad en que este trabajo se desarrolla porque hay que reinventar continuamente esa práctica en la medida en que está sometida, cada vez más, a las exigencias del discurso del amo bajo el imperativo de la evaluación y de la cifra.
Estas exigencias son al mismo tiempo fuente de malestar en los profesionales que trabajan en las redes públicas de salud mental, cada vez más orientadas al tratamiento de las psicosis y sus diferentes modalidades. El rumbo que está tomando la psiquiatría no está exento de contradicciones porque se ampara en el “mágico” uso de las sustancias y el psicofármaco, excluyendo cada vez más la subjetividad en la práctica clínica, pero al mismo tiempo la subjetividad del médico también queda forcluida. La relación médico-paciente queda reducida de tal forma que también retorna en los profesionales de forma sintomática y a veces de angustia. El lugar del psicoanalista es difícil pero su discurso encuentra en algunas ocasiones algunos ecos que hay que rescatar.
En este contexto nos podríamos preguntar ¿de qué forma se puede articular el progreso del discurso analítico en una perspectiva en la que el orden simbólico desfallece y en la que la práctica lacaniana precisa ser renovada?
En la medida de que los psicoanalistas podamos avanzar en la perspectiva del psicoanálisis puro, de la formación del analista, podremos abrir la posibilidad de permanencia de nuestra práctica. Si no es así podríamos se arrasados por las corrientes totalitarias que tratan de imponer su hegemonía. La pinza de las neurociencias y de las TCC se estrecha cada vez más.
Es en este sentido, que las enseñanzas de los fines de análisis, o la transmisión de los analistas analizados, pueden proponernos el aire fresco que el psicoanálisis necesita para que no quede atrapado como una lengua muerta, sin posibilidades de reinvención. La supervivencia del psicoanálisis estará condicionada al hecho de que pueda demostrar por el procedimiento que le es propio: el de los finales de análisis de uno en uno y el de las consecuencias que ello produce en los analistas analizados, que esa posibilidad de reinvención existe.
Tal y como señala J.A. Miller en su discurso en Comandatuba: “Luego, existe la práctica Lacaniana o más bien, existirá, pues se trata de inventarla. Por supuesto, no se trata de inventar ex–nihilo. Se trata de inventarla en la vía que abrió en particular el último Lacan. Y esta práctica Lacaniana se deja presentir sin duda en lo que nos anima a nosotros mismos.”
De esta forma las nuevas generaciones de analistas podrán encontrar las coordenadas para que un nuevo deseo pueda advenir. Por otro lado, se debe de estar suficientemente analizado para no implicar el inconsciente del analista e interferir, de esta forma, en la dirección de la cura.
El debate abierto para el próximo Congreso Mundial sobre las consecuencias para la práctica lacaniana en un mundo cambiante tiene una importancia fundamental.
El 20 de septiembre de 1971, en la revista norteamericana TIME Magazine, Burrhus Frederic Skinner, psicólogo y fundador de una importante corriente a nivel mundial: el conductismo, la fuente de las llamadas Terapias comportamentales y cognitivo-conductuales (TCC), afirmaba en una entrevista, en la que presentaba su libro titulado: Mas allá de la libertad y la dignidad, que: “La libertad es un lujo, un riesgo, que la sociedad no puede permitirse… Si usted insiste en que los derechos individuales son el summum bonum, entonces toda la estructura de la sociedad cae hacia abajo…”
El periodista hace el siguiente comentario: “su mensaje es sorprendente para los no iniciados: no podemos permitir más la libertad, por lo que debe ser reemplazada por el control del hombre, su conducta y su cultura”.
Hoy esa afirmación tiene el respaldo científico necesario para llevarse a cabo como programa. Las neurociencias y las TCC forman una pinza que trata de ahogar la libertad creativa de la experiencia analítica, libertad creativa que se sostiene en el goce singular de cada uno y en las posibilidades de saber arreglárselas con eso (savoir y faire).
El psicoanálisis, nuestra práctica y nuestro discurso, insiste en que en medio de la feroz tendencia de nuestro presente a homogeneizarlo todo es necesario conservar ese estrecho margen de libertad que preserva lo incomparable de cada uno.
Hay en marcha un nuevo programa social para el siglo XXI en que se trata del control de la conducta humana. Esa es la significación que el concepto de salud mental ha tomado en nuestro tiempo. La lógica de todo está en los genes, la ilusión cientifista de que el ser humano puede ser reparado como si se tratara de una máquina, encuentra su complemento perfecto en los programas de normativización de las conductas que son encabezados por las TCC. Si la felicidad se propone como una posibilidad y la anulación del síntoma como una realidad la impostura está servida.
Podríamos considerar que de la misma manera que los mercados financieros tienen vida propia y escapan al control de los Estados y los gobiernos, el desarrollo de las neurociencias y sus aplicaciones en el campo de la subjetividad también tienen su autonomía, cada vez más cercana a los intereses de los mercados y más lejos del lado más amable que la ciencia tuvo hace décadas, como un medio del conocimiento y desarrollo para la humanidad.
El discurso analítico no puede vacilar ante este problema de civilización. Se trata de dar una respuesta de la buena manera, con las herramientas de que dispone, para proponer algo nuevo a partir de los restos y el vacío.
19.5.11
Revista Letras, acaba de salir el nº 2
Acaba de salir el nº2 de la edición impresa de LETRAS!
Cuando ustedes lean estas líneas, digitales, una nueva edición impresa de la revista Letras, el nº2 habrá salido a la calle. Esta es nuestra idea: cada vez que editemos un nuevo número de la revista en su versión impresa ustedes podrá disponer, a través de la página web de la revista, de la edición digital del número anterior. Queremos de esta manera cumplir con un doble objetivo, proporcionarles el acceso a nuestros trabajos a través de un medio impreso en el que la tinta, sus letras, su composición y maquetación, la selección de imágenes y los pequeños detalles hacen de esta revista un bello objeto.
la revista digital la pueden consultar en:
www.letraslacanianas.com
En esta dirección Web podéis encontrar la forma de suscribirse a la edición impresa o la manera de poder conseguirla y leer la versión digital del nº 1.
En la revista nº 2 hay un artículo escrito por mi mismo.
Cuando ustedes lean estas líneas, digitales, una nueva edición impresa de la revista Letras, el nº2 habrá salido a la calle. Esta es nuestra idea: cada vez que editemos un nuevo número de la revista en su versión impresa ustedes podrá disponer, a través de la página web de la revista, de la edición digital del número anterior. Queremos de esta manera cumplir con un doble objetivo, proporcionarles el acceso a nuestros trabajos a través de un medio impreso en el que la tinta, sus letras, su composición y maquetación, la selección de imágenes y los pequeños detalles hacen de esta revista un bello objeto.
la revista digital la pueden consultar en:
www.letraslacanianas.com
En esta dirección Web podéis encontrar la forma de suscribirse a la edición impresa o la manera de poder conseguirla y leer la versión digital del nº 1.
En la revista nº 2 hay un artículo escrito por mi mismo.
7.4.11
Foro en Madrid: Las servidumbres voluntarias.
II Foro - "Lo que la evaluación silencia 2"
"Las Servidumbres voluntarias "
Sábado,11 de Junio de 2011 - Circulo de Bellas Artes - Madrid
Hacia el Foro 2
LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA 2“Las Servidumbres voluntarias”Aunque la evaluación no es un tema que se haya tratado mucho dentro del pensamiento contemporáneo, sin embargo, es un fenómeno esencial de los tiempos actuales.
La evaluación inunda la actividad de nuestras vidas, casi de manera imperceptible, desde los dispositivos sanitarios en su amplio espectro, hasta los educativos, empresariales, literarios, artísticos, e incluso la vida cotidiana. Es así como lo calculable, la medida, entra en nuestras vidas y nos afecta como sujetos. El poder administrativo, las políticas de gestión, la pesadez de su control informático y estadístico, se imponen y atraviesan los gobiernos. En principio, parecería que se trata de evaluar instituciones, grupos y no de individuos, pero son los individuos los evaluados, y el resultado de ella es tener a hombres y mujeres marcados por la comparación con el grupo de referencia o los parámetros que las agencias de evaluación imponen. Esta comparación siempre se salda con un negativo. En la clínica que nos ofrece la experiencia analítica esto es patente y claro, cada vez que el sujeto se compara sale “perdiendo”.
Nos atreveríamos a decir que el poder de la evaluación es tiránico porque lo que en esencia pretende, más que la propia evaluación, es conseguir del sujeto su consentimiento a esta operación. Con este consentimiento, con esta servidumbre, dejamos de lado lo incomparable de cada uno y pasamos a formar parte de esa masa evaluada. ¿Qué consecuencias tiene esto para los sujetos?: el propio rechazo de sí mismos, un empuje destructivo, al considerarse menos que los otros y, por lo tanto, merecedores de sufrir las consecuencias de este “deficit”. Vemos así proliferar los estados depresivos, angustiosos... las adicciones. Pero también, esto explicaría la sorprendente docilidad con la que los ciudadanos aceptan este estado de cosas que los lleva a la impotencia frente a cualquier acción que pudieran acometer.
Ya Étienne de la Boétie (1) ponía en primer término esa servidumbre voluntaria, como lo único que en último término explicaría el éxito de cualquier tiranía. Es este consentimiento del sujeto lo que en última instancia la hace posible. ¿Qué de lo propiamente subjetivo podría explicar esto? Con S. Freud y J. Lacan encontraremos respuestas a estas preguntas que se desplegarán en nuestro Foro. El psicoanálisis, por ocuparse de lo incomparable e inconmesurable de cada uno, permite a los sujetos reencontrarse con lo que les ha sido arrebatado, con lo imposible de evaluar. Desde luego no creemos ser los únicos que activamente defendemos lo más íntimo e inigualable de cada uno. Por ello, animamos a participar en este Foro a todos aquellos que quieran desenmascarar las nuevas formas que esta servidumbre adopta e ilustrarnos sobre su invención para resistir a ella.
Este segundo Foro, en continuación con el anterior – Lo que la evaluación silencia, un caso urgente: el Autismo (Barcelona, junio 2010) - se enmarca en un movimiento que Jacques-Alain Miller comenzó en el año 2001, con la publicación de sus Cartas a la Opinión Ilustrada (2) y que prosigue con la realización de Foros en París donde participan intelectuales, escritores, artistas, psicoanalistas, políticos.
Esta vez, la convocatoria tendrá lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el sábado 11 de junio de 2011
Contaremos para empezar con la lista de correo forolacaniano@egrupos.net a la que os invitamos a inscribiros y con el boletín on-line A-FORO, desde donde os irán llegando textos, comentarios, entrevistas, curiosidades, cuestiones organizativas y que darán la oportunidad a distintas formas de participación. También contamos con el bloghttp://loqueevaluacionsilencia.blogspot.com/, donde podréis consultar los textos enviados.
Mercedes de Francisco
(1) Étienne de la Boétie, Discurso de la servidumbre voluntaria. Editorial Tecnos. Madrid 2010
(2) J.-A. Miller, Cartas a la opinión ilustrada, Editorial Paidós, Barcelona 2002.
La evaluación inunda la actividad de nuestras vidas, casi de manera imperceptible, desde los dispositivos sanitarios en su amplio espectro, hasta los educativos, empresariales, literarios, artísticos, e incluso la vida cotidiana. Es así como lo calculable, la medida, entra en nuestras vidas y nos afecta como sujetos. El poder administrativo, las políticas de gestión, la pesadez de su control informático y estadístico, se imponen y atraviesan los gobiernos. En principio, parecería que se trata de evaluar instituciones, grupos y no de individuos, pero son los individuos los evaluados, y el resultado de ella es tener a hombres y mujeres marcados por la comparación con el grupo de referencia o los parámetros que las agencias de evaluación imponen. Esta comparación siempre se salda con un negativo. En la clínica que nos ofrece la experiencia analítica esto es patente y claro, cada vez que el sujeto se compara sale “perdiendo”.
Nos atreveríamos a decir que el poder de la evaluación es tiránico porque lo que en esencia pretende, más que la propia evaluación, es conseguir del sujeto su consentimiento a esta operación. Con este consentimiento, con esta servidumbre, dejamos de lado lo incomparable de cada uno y pasamos a formar parte de esa masa evaluada. ¿Qué consecuencias tiene esto para los sujetos?: el propio rechazo de sí mismos, un empuje destructivo, al considerarse menos que los otros y, por lo tanto, merecedores de sufrir las consecuencias de este “deficit”. Vemos así proliferar los estados depresivos, angustiosos... las adicciones. Pero también, esto explicaría la sorprendente docilidad con la que los ciudadanos aceptan este estado de cosas que los lleva a la impotencia frente a cualquier acción que pudieran acometer.
Ya Étienne de la Boétie (1) ponía en primer término esa servidumbre voluntaria, como lo único que en último término explicaría el éxito de cualquier tiranía. Es este consentimiento del sujeto lo que en última instancia la hace posible. ¿Qué de lo propiamente subjetivo podría explicar esto? Con S. Freud y J. Lacan encontraremos respuestas a estas preguntas que se desplegarán en nuestro Foro. El psicoanálisis, por ocuparse de lo incomparable e inconmesurable de cada uno, permite a los sujetos reencontrarse con lo que les ha sido arrebatado, con lo imposible de evaluar. Desde luego no creemos ser los únicos que activamente defendemos lo más íntimo e inigualable de cada uno. Por ello, animamos a participar en este Foro a todos aquellos que quieran desenmascarar las nuevas formas que esta servidumbre adopta e ilustrarnos sobre su invención para resistir a ella.
Este segundo Foro, en continuación con el anterior – Lo que la evaluación silencia, un caso urgente: el Autismo (Barcelona, junio 2010) - se enmarca en un movimiento que Jacques-Alain Miller comenzó en el año 2001, con la publicación de sus Cartas a la Opinión Ilustrada (2) y que prosigue con la realización de Foros en París donde participan intelectuales, escritores, artistas, psicoanalistas, políticos.
Esta vez, la convocatoria tendrá lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el sábado 11 de junio de 2011
Contaremos para empezar con la lista de correo forolacaniano@egrupos.net a la que os invitamos a inscribiros y con el boletín on-line A-FORO, desde donde os irán llegando textos, comentarios, entrevistas, curiosidades, cuestiones organizativas y que darán la oportunidad a distintas formas de participación. También contamos con el bloghttp://loqueevaluacionsilencia.blogspot.com/, donde podréis consultar los textos enviados.
Mercedes de Francisco
(1) Étienne de la Boétie, Discurso de la servidumbre voluntaria. Editorial Tecnos. Madrid 2010
(2) J.-A. Miller, Cartas a la opinión ilustrada, Editorial Paidós, Barcelona 2002.
19.3.11
FORO AUTISMO: NUMERO ESPECIAL.
15 de marzo de 2011 La situación política que produjo el movimiento ciudadano que fue el Foro Lo que la evaluación silencia. Un caso urgente: el autismo, vuelve a repetirse un año después. El pasado 22 de febrero se aprobó en el Congreso de los Diputados un Proposición no de ley para la “mejora de las personas con Trastorno del Espectro Autista”, presentada por CIU y refrendada con las enmiendas del PSOE y del PP (disponible en foroautismo.com <http://foroautismo.com/> ). De no recibir este acuerdo político contestación alguna por parte de la ciudadanía y de los diversos colectivos afectados, lo que se dibuja para un futuro próximo es un Sistema Sanitario español que solo ofrecerá para el autismo tratamientos cognitivo-conductuales. ¿Dónde quedarán en ese caso la pluralidad de tratamientos que existen desde hace décadas en nuestro país, así como el derecho a elegir de los padres y los afectados el tratamiento que consideren más oportuno? Y, finalmente, ¿es que son las TCC (terapias cognitivo-conductuales) las que van a ocuparse de la subjetividad de la persona con trastorno del espectro autista, de lo más particular que hace de ella un ser humano, imposible de reducirse a una descripción de su conducta? La respuesta es NO. Otorgar la hegemonía del tratamiento del autismo a las TCC es un grave error político y de civilización. Desde la plataforma Foroautismo (http://www.foroautismo.com/ <http://www.foroautismo.com/> ) hemos iniciado diversos contactos políticos para pedir que se tengan en cuenta la pluralidad de tratamientos y el derecho a elegirlos. Vamos a solicitar también a los medios de comunicación que difundan la "Carta al político inquieto" que hemos dirigido a la clase política, y que publicamos en este número especial, junto a la Proposición no de ley en cuestión, para dar a conocer la situación. Nos dirigimos de nuevo a vosotros, que seguisteis la preparación del Foro de Barcelona promovido por la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, o incluso participasteis en él, para que esta Carta pueda tener sus ecos entre todos aquellos que defendemos un modelo de civilización en que la palabra y la subjetividad que se le supone no se vean vulneradas. De hecho, estamos organizando un segundo Foro, Lo que la evaluación silencia: Las servidumbres voluntarias (http:// Estamos recogiendo firmas de apoyo a la “Carta abierta al político inquieto”, que leerás a continuación. Para firmarla es suficiente con que envíes un mail con tu nombre, apellidos y NIF a http://foroautismo@gmail.com/<mailto:foroautismo@gmail.com> . Tus comentarios y sugerencias serán bienvenidos Neus Carbonell, Elizabeth Escayola e Iván Ruiz (Recogido del post del blog AMP del 15.03.2011) |
22.2.11
In Memoriam. Hilario Cid.
Publico estas hermosas palabras de Ricardo Acevedo.
-Hoy Málaga inagura un silencio nuevo…
-Se nos priva de una voz que alguna vez, muchas, nos orientó en los tiempos de niebla.
-Hay una deuda del mejor saber transmitido, y de la que estamos encantados de pagar
en la línea de su estilo elegante.
-Los que, como en mi caso, hemos transitado encuentros, asociaciones, equipos, etc, o sea,
quienes estuvimos realmente en su cercanía, asistimos al temblor de un vacío que nos
pone aprueba de los afectos a veces escamoteados.
-Hoy siento, Hilario, esa otra soledad del analista
Ricardo Acevedo
Málaga 22-2-12
1.2.11
clandestinidad, de Gustavo Dessal
Publico esta nota de referencia del diario argentino pag. 12, sobr el reciente libro de Gustavo Dessal, escritor y amigo, cuya lectura recomiendo.
Domingo, 30 de enero de 2011
Los males del mal
Gustavo Dessal, psicoanalista y escritor, reconstruye con absoluto verismo la estructura mental de un hombre sin atributos que se convierte en parte de la maquinaria asesina de la dictadura.
Por Martin Kasañetz
En la contratapa de esta descarnada novela existe una referencia a Hannah Arendt enunciando lo que ella denominaba como “la banalidad del Mal”. En Clandestinidad, Gustavo Dessal parece retomar esta idea para crear un personaje aterradoramente similar a las características del alto jerarca nazi que analiza Arendt en su libro Eichmann en Jerusalén. El personaje que construye Dessal, sin ningún tipo de particularidades que lo lleven a tener predisposición al mal, forma parte de las tareas de campo de la maquinaria asesina de la última dictadura militar en la Argentina.
No presenta los rasgos de una persona con carácter retorcido o mentalmente enferma sino que sus actos son resultado del llano cumplimiento de órdenes. Este hombre –que parece flotar ausente entre los ángeles asesinos con los cuales se vincula– va involucrándose cada vez más en algo que no llega a dimensionar debido a su falta de conexión con la vida. Como una especie de zombie, está presente pero parece no estarlo; difícilmente las personas notan su presencia. La vida parece ser algo extraño que les sucede a los otros, pero que él no llega a comprender del todo. Asiste, con la rutina impune de un empleado administrativo, a cada uno de los operativos, realizando desalojos y asistiendo a las sesiones de torturas en un centro clandestino de detención.
Dessal parece utilizar sus conocimientos psicoanalíticos para construir, con excepcional eficacia, el perfil de un hombre que demuestra –en sus acciones diarias y en su relación con los demás– la conclusión de un pasado que se forja en su niñez y que lo estigmatiza aislándolo para siempre de los otros. Los acontecimientos de la vida de este personaje vuelven uno a uno forzados por las insistentes preguntas de su hija, que se interesa en la historia de su padre que desconoce casi por completo: un hombre que apenas habla, que responde con frases cortas, esperables y seguras debido al terror que le provoca que alguien descubra su pasado en un presente político que pide respuestas sobre aquellos años.
Clandestinidad.Gustavo Dessal Interzona 153 páginas
A medida que el texto avanza se va sumando la historia de otro personaje fundamental en esta historia: una joven militante –novia de la adolescencia de este hombre– con las características propias de algunos de los jóvenes de entonces: interesada en el bienestar social, solidaria, militante vehemente y con compromiso político. Sus realidades avanzan juntas, en paralelo, hasta terminar distanciándose cuando ella, debido a un operativo fallido, entra en la clandestinidad: “Fue la primera vez que él escuchó esa palabra, o al menos la primera vez que le prestaba atención. Clandestinidad. Ella le explicó lo que quería decir, y a él no le pareció ni bien ni mal, porque en realidad no terminaba de captar la idea”.
Gustavo Dessal nació en Buenos Aires, es psicoanalista, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y escritor. Publicó más de un centenar de artículos en revistas especializadas, los libros de cuentos Operación Afrodita (2004) y Mas líbranos del bien (2006), la novela Principio de Incertidumbre (2009) y el ensayo Las ciencias inhumanas (2009).
Esta novela parece abordar el tema de la clandestinidad a través de lo que sus personajes entienden por ese término. Por un lado, se interpreta desde la decisión de la protagonista de vivir de manera oculta debido a sus intereses políticos en un país en donde el odio y la muerte se habían instaurado y, por otro, el distanciamiento de un hombre que vivía apartado de todo lo vital que pudiese rodearlo. En Clandestinidad Dessal describe, por medio de un texto desgarrador y directo, la historia de dos personajes completamente diferentes que cruzan sus vidas generando en el lector un interrogante sobre los posibles y diferentes orígenes de la maldad en la humanidad.
Domingo, 30 de enero de 2011
Los males del mal
Gustavo Dessal, psicoanalista y escritor, reconstruye con absoluto verismo la estructura mental de un hombre sin atributos que se convierte en parte de la maquinaria asesina de la dictadura.
Por Martin Kasañetz
En la contratapa de esta descarnada novela existe una referencia a Hannah Arendt enunciando lo que ella denominaba como “la banalidad del Mal”. En Clandestinidad, Gustavo Dessal parece retomar esta idea para crear un personaje aterradoramente similar a las características del alto jerarca nazi que analiza Arendt en su libro Eichmann en Jerusalén. El personaje que construye Dessal, sin ningún tipo de particularidades que lo lleven a tener predisposición al mal, forma parte de las tareas de campo de la maquinaria asesina de la última dictadura militar en la Argentina.
No presenta los rasgos de una persona con carácter retorcido o mentalmente enferma sino que sus actos son resultado del llano cumplimiento de órdenes. Este hombre –que parece flotar ausente entre los ángeles asesinos con los cuales se vincula– va involucrándose cada vez más en algo que no llega a dimensionar debido a su falta de conexión con la vida. Como una especie de zombie, está presente pero parece no estarlo; difícilmente las personas notan su presencia. La vida parece ser algo extraño que les sucede a los otros, pero que él no llega a comprender del todo. Asiste, con la rutina impune de un empleado administrativo, a cada uno de los operativos, realizando desalojos y asistiendo a las sesiones de torturas en un centro clandestino de detención.
Dessal parece utilizar sus conocimientos psicoanalíticos para construir, con excepcional eficacia, el perfil de un hombre que demuestra –en sus acciones diarias y en su relación con los demás– la conclusión de un pasado que se forja en su niñez y que lo estigmatiza aislándolo para siempre de los otros. Los acontecimientos de la vida de este personaje vuelven uno a uno forzados por las insistentes preguntas de su hija, que se interesa en la historia de su padre que desconoce casi por completo: un hombre que apenas habla, que responde con frases cortas, esperables y seguras debido al terror que le provoca que alguien descubra su pasado en un presente político que pide respuestas sobre aquellos años.
Clandestinidad.Gustavo Dessal Interzona 153 páginas
A medida que el texto avanza se va sumando la historia de otro personaje fundamental en esta historia: una joven militante –novia de la adolescencia de este hombre– con las características propias de algunos de los jóvenes de entonces: interesada en el bienestar social, solidaria, militante vehemente y con compromiso político. Sus realidades avanzan juntas, en paralelo, hasta terminar distanciándose cuando ella, debido a un operativo fallido, entra en la clandestinidad: “Fue la primera vez que él escuchó esa palabra, o al menos la primera vez que le prestaba atención. Clandestinidad. Ella le explicó lo que quería decir, y a él no le pareció ni bien ni mal, porque en realidad no terminaba de captar la idea”.
Gustavo Dessal nació en Buenos Aires, es psicoanalista, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y escritor. Publicó más de un centenar de artículos en revistas especializadas, los libros de cuentos Operación Afrodita (2004) y Mas líbranos del bien (2006), la novela Principio de Incertidumbre (2009) y el ensayo Las ciencias inhumanas (2009).
Esta novela parece abordar el tema de la clandestinidad a través de lo que sus personajes entienden por ese término. Por un lado, se interpreta desde la decisión de la protagonista de vivir de manera oculta debido a sus intereses políticos en un país en donde el odio y la muerte se habían instaurado y, por otro, el distanciamiento de un hombre que vivía apartado de todo lo vital que pudiese rodearlo. En Clandestinidad Dessal describe, por medio de un texto desgarrador y directo, la historia de dos personajes completamente diferentes que cruzan sus vidas generando en el lector un interrogante sobre los posibles y diferentes orígenes de la maldad en la humanidad.
16.1.11
El autoritarismo científico.
El autoritarismo científico es un ensayo iluminador y necesario escrito por un científico riguroso capaz de transmitir sus reflexiones con una prosa ágil y amena. H sido editado por Miguel Gomez Ediciones.
Javier Peteiro inicia su reflexión distinguiendo la ciencia de las falsas ciencias. La ciencia, aliada de las luces, está muy alejada del cientificismo que impregna el discurso social dominante. Mostrando en estas páginas cómo, en esta época del empuje a la transparencia, se impone la opacidad derivada del cientificismo. Advirtiéndonos sobre la ambición científica de predecir todo lo humano y transformarlo según criterios de normalidad definidos desde la propia ciencia: «Se abre así un camino hacia un autoritarismo científico que dirá lo que es bueno, lo que es malo, y no sólo lo que debemos hacer sino incluso cómo debemos ser desde la manipulación genética y conductista». Esta obra muestra la tendencia a la sacralización de la ciencia que el cientificismo implica. La ciencia así concebida pasa a ser dogma, sus divulgadores los nuevos sacerdotes, y sus resultados la única esperanza. De este modo, si a algo se le añade el calificativo de científico pasa a ser incuestionable e imponerse sobre cualquier otro criterio de decisión. Se anula así la libertad de elección, incluso en el ámbito político. Así, lo científicamente correcto se hará equivalente a lo políticamente correcto.
Tras realizar un desarrollo crítico perfectamente documentado sobre las falacias supuestamente científicas, concluye su obra afirmando que el cientificismo es la nueva fe atea que trata de llenar el vacío que han dejado el ocaso de los discursos tradicionales. Si la ciencia se sacraliza, cualquier crítica a los supuestos científicos será juzgada como retrógrada. Esto conduce a un nuevo modelo de civilización.
Se trata de un texto de alto valor epistémico, pero también una apuesta ética por la libertad.
Se trata de un texto de alto valor epistémico, pero también una apuesta ética por la libertad.
24.12.10
!FELIZ NAVIDAD!
A todos los amigos, a los que han seguido estas páginas del blog interesándose por sus contenidos, a los que intentan que el mundo que habitamos sea más justo y solidario, os deseo lo mejor para el próximo año 2011.
30.11.10
“La formación del psicólogo en un equipo de fertilidad”
Por Juan Pablo Zito-Carro
Agradezco la invitación del Dr. Carlos Damonte y al resto de organizadores a participar en este simposio junto al resto de colegas aquí presente.
El tema del que hablaré (“La formación del psicólogo en un equipo de fertilidad”) es un tematica interesante ya que el trabajo del psicólogo en una clínica tan especializada como lo es una de R.A. se desarrolla en una zona límite y requiere una formación o mejor dicho una posición muy particular.
Cuando hablamos de formación lo primero en lo que pensamos es en los conocimientos relacionados con su profesión que una persona debe tener para desempeñar su trabajo de un modo correcto. En la actualidad esto no es suficiente ya que además se le exige que tenga competencia, entendida como “pericia, aptitud o idoneidad para hacer o intervenir en algo” (RAE). Por lo tanto un profesional “formado” es el que tiene los conocimientos y la experiencia necesaria para “saber hacer”. ¿es esto suficiente? Si tomamos en cuenta que en toda profesión es necesaria una Ética podemos responder que no. Los conocimientos y las competencias sin una Ética o sin una buena orientación Ética, pueden dar un resultado nocivo. ¿Por qué creemos que son necesarios los comité de Ética?
Un equipo de fertilidad está formado por profesionales de distintas especialidades como ginecólogos, obstetras, enfermeras, biólogos, embriólogos, andrólogos y psicólogos, entre otros. Antes mencionaba que el trabajo del psicólogo se desarrolla en una zona límite, punto de encuentro entre lo físico y lo psíquico. ¿Donde se localiza ese encuentro? En el paciente, debido a que es abordado desde dos discursos diferentes: el médico positivista y el psicológico.
La definición de límite según la RAE es interesante porque habla de “una línea real o imaginaria que separa dos terrenos, dos países o dos territorios”. Nos debemos preguntar ¿Cuál es la línea real que separa en el sujeto lo psíquico de lo somático? O mejor aún ¿cómo pensar una línea imaginaria entre ambos?
El alto grado de especialización de la medicina actual lleva a que los procedimientos medicos sean segmentados y cada profesional trabaje sobre una secuencia del tratamiento; el cuerpo del paciente también entra dentro de la lógica de la fragmentación, se trabaja sobre órganos o materia viva que puede ser separada del paciente. Esto requiere que todo procedimiento sea cifrado, etiquetado y cuantificado para que el “especialista” que sigue en la línea de trabajo pueda saber qué paso del protocolo de actuación debe dar.
¿Pero que sucede con la subjetividad?¿Dónde ubicamos al sujeto que sufre por su padecimiento? En la lista de protocolos médicos no hay lugar para el paciente, sólo lo hay para los procedimientos. Lo subjetivo es pensado como lo que se opone a lo objetivo, también se hace referencia con este término a nuestro modo de pensar o sentir, y no al objeto en si mismo. Para la ciencia positivista lo objetivo es la única evidencia, por lo tanto no hay lugar para lo que se piensa o se siente. De esto podemos extraer una primer conclusión sobre la formación (no sólo del psicólogo) en un equipo de fertilidad: Los conocimientos, las competencias sin un ética que los regule da como resultado una intervención directa de la técnica sobre el organismo, borrando al paciente como sujeto de la escena volviéndolo un objeto.
En la relación entre psicólogo (o médico también) y el paciente se establece un vínculo que llamaré de transferencia: “…la transferencia está ligada no tanto con la ilusión del amor como con aquella de que existen sujetos que saben. En cuanto hay, en algún lugar, el sujeto que se supone saber… hay transferencia” nos dice el psicoanalista francés J. Lacan. La infertilidad genera interrogantes que llevan a quien la padece a buscar un saber que aporte sentido.
En este punto considero fundamental hacer una aclaración: No hay ninguna duda de las soluciones que la “medicina de la reproducción” aporta en los casos de infertilidades de causa orgánica, esto es algo que no admite cuestionamientos. No obstante, entre un 5 y un 15% de los casos que llegan a las clínicas de reproducción son casos de infertilidad denominados de “origen desconocido” o “idiopáticos”, esto significa que no hay causa orgánica que justifique dicho síntoma.
Estos casos generan mucho desconcierto en el equipo médico y angustia en el paciente, en los primeros porque también consideran que hay una variable causal en juego que no puede ser localizada en el cuerpo y en éste último porque su enigma no encuentra una respuesta, el malestar no puede ser nombrado. Este podría ser un momento óptimo para solicitar la inter-consulta con el psicólogo pero no siempre lo es, es necesario que la demanda por parte del paciente dirigida al médico sea de tal intensidad que provoquen en éste un incómodo afecto de angustia.
¿Qué relación hay entre la ausencia de respuesta y la angustia del médico?
Como antes mencionaba, la transferencia entre médico y paciente se sostiene en una suposición de saber, el saber da poder. El médico “debe” saber la respuesta, la cura al malestar del paciente y si esto no sucede su saber supuesto “es-puesto” en cuestión y su poder se transforma en impotencia, de ahí la angustia.
Estamos por lo tanto en un territorio diferente al puramente físico que toma al organismo como un real sobre el que hay que intervenir o al psicológico donde hay un predominio de lo imaginario, plagado de fantasías que apuntan a restituir la normalidad. Nos hallamos en el terreno de lo simbólico, más específicamente en el campo del lenguaje. Aquí no hay más que palabras que se dirigen al otro y que vienen del otro, que encierran una o varias significaciones generadoras de equívocos, relaciones y efectos en el sujeto. ¿De que otro modo nos enteramos del sufrimiento del paciente si no es por lo que nos dice? El ser humano habla, es la capacidad que nos diferencia de otros animales, pero ¿para que? Podríamos decir rápidamente que lo hace para hacerse representar, para mostrar su subjetividad, para que algo de su deseo se deje entrever, para hacerse amar, odiar o curar. Esto incluye su queja, su sufrimiento dirigido al otro como un enigma para encontrar respuesta a aquello que no funciona en su vida, aquello en lo que no se representa, en lo que no se reconoce. Desde esta perspectiva debemos tomar al síntoma tal como lo postula Freud: “Los síntomas neuróticos son formaciones del inconsciente y resultan del compromiso entre deseos contradictorios (…) encierran un saber”
Como mencionaba anteriormente si no hay lugar para la palabra del paciente en el dispositivo médico ni en la consulta del psicólogo, si el malestar se acalla, se produce un desplazamiento y reaparece de otro modo.
La paternidad genera dudas, temores, rechazos, celos, etc. Tanto hombre como mujer no son indiferentes a la pregunta por la paternidad, ambos son concernidos de modos diferentes. Por el lado del hombre surge el interrogante de ocupar el lugar y ejercer la función paterna, acontecimiento que necesariamente hará cambiar el juego de los deseos con su pareja; del lado de la mujer el cambio es de mayor intensidad ya que se ponen en juego su identidad de mujer y la imaginarización del lugar de “la madre”. En ambos casos hay un elemento a pensar que es la función que viene a cumplir el niño que anhelan y el lugar que ocupará en la economía psíquica de la pareja, por lo que requiere que puedan construir una respuesta particular
Para finalizar creo conveniente retomar los significantes que he propuesto para pensar hoy con ustedes la formación que debe tener un psicólogo que trabaja en un equipo de fertilidad.
Mucha de la bibliografía psicológica de la reproducción asistida se sostiene en dos conceptos como son los de Ansiedad y Depresión como efectos anímicos de la infertilidad, esto conlleva a que el profesional psi se forme, se capacite en el manejo de estrategias para ayudar al paciente a afrontar situaciones de stress, bajar la ansiedad con diversos trucos y cambiar el modo de pensar para no caer en la depresión. Este campo de acción es muy limitado y reiterativo ya que también está protocolizado. ¿Cuál es la Etica que rige estas competencias? Podemos decir que es la de la “Normativización”, el paciente debe estar, sentir y pensar según la “idea” que tenga el psicólogo, esto no es sin estragos en muchas ocasiones. Es la lógica del estado de bienestar en la que “todos” tienen que estar bien y se les ofrece a “todos lo mismo” como solución.
Un cuestionamiento que me hago al escribir esta ponencia es si ¿todos los pacientes buscan una respuesta por el lado del saber, del saber inconsciente? Definitivamente no. Una pareja que busca el hijo que dicen querer en una clínica de reproducción asistida sin que haya una causa orgánica, demanda una respuesta que venga del otro, una respuesta en lo real, lo que indica que el síntoma de la infertilidad (de origen desconocido) no se ha constituido como un interrogante para ellos, que apunte a: ¿qué nos pasa como pareja en relación a la paternidad y a la sexualidad?.
La posición ética de la formación que propongo es la de privilegiar la subjetividad del paciente dando lugar a su palabra, sosteniendo una escucha libre y flotante, sin prisas por curar y con la paciencia de escuchar lo que el sujeto nos quiere decir con aquello que nos está diciendo. Para esto es necesario estar dispuesto a transferir el saber al paciente, es él quien sabe las causas de su padecer y recurre a nosotros para orientase. Crear un espacio donde queden fuera las competencias del psicólogo (su saber hacer) y pueda aparecer “el saber” de paciente, saber inconsciente que encierra el enigma de los modos en que el individuo sufre y goza de su sexualidad y los efectos que esto tiene sobre la procreación.
Ponencia presentada en Venecia, 29 de octubre de 2010
Simposio de la Sociedad de Obstetricia y ginecología psicosomática.
6.11.10
Los hombres y sus semblantes
IX JORNADAS DE LA ESCUELA LACANIANA DE PSICOANALISIS (ELP)
MADRID 20 Y 21 DE NOVIEMBRE DE 2010
Círculo de Bellas Artes
Sala de las Columnas
Para información e inscripciones visita la Web: http://www.elp-debates.com/
11.6.10
Presentación del libro en Buenos Aires
El viaje a Buenos Aires y la presentación del libro en la ciudad fue una experiencia hermosa e inolvidable. Una hermosa ciudad en la que el psicoanálisis tiene un lugar en la sociedad que nos sorprende a los que viajamos desde Europa.
El libro se presentó en la Escuela de Orientación Lacaniana en un espacio coordinado por Beatriz Udenio y en el que participó Gustavo Dessal. Calurosa acogida y buen debate. Se realizó otra presentación y entrevista en el Museo Metropolitano de la ciudad, gracias a la colaboración de Carlos Gustavo Mota, cuya página WEB recomiendo. (www.elpsicoanlisis.net).
Participé en el seminario coordinado por Luis Salamone y Blanca Sanchez "Se buscan hombres".
La amabilidad y el trato de los argentinos es envidiable, tanto de los colegas de la EOL como de otros amigos que pude conocer. A veces se producen buenos encuentros y en esta ocasión algunos sucedieron.
Cuando viajaba de vuelta en el avión pensaba cuando podría volver.
27.5.10
Presentación del libro: "El dolor y los lenguajes del cuerpo", en Buenos Aires
CONFERENCIAS INTERNACIONALES DEL INSTITUTO CLÍNICO DE BUENOS AIRES
PRESENTACIÓN DEL LIBRO "EL DOLOR Y LOS LENGUAJES DEL CUERPO" (Grama Ediciones)
de Santiago Castellanos de Marcos*
Lunes 31 de Mayo, 21 horas, en la sede de la EOL
Invitados: Santiago Castellanos de Marcos y Gustavo Dessal
Coordinación: Beatriz Udenio
La fenomenología del dolor crónico de causa no orgánica, remite a estructuras, a tipos y a fenómenos clínicos variados, razón por la cual conviene tener muy presente que se trata de distinguir de las formas clásicas de conversión histérica, los “embrollos del cuerpo” presentes en las psicosis ordinarias, sin olvidar los fenómenos psicosomáticos, y las formas hipocondríacas propias de los estados delirantes.
En el libro “El dolor y los lenguajes del cuerpo” se da cuenta de un trabajo de investigación (Diploma de Estudios Avanzados) del Instituto del Campo Freudiano de España, de una clínica del cuerpo con los instrumentos del psicoanálisis de orientación lacaniana.
*Santiago Castellanos de Marcos es psicoanalista y médico. Miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) de España y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Miembro de la Junta Directiva de la sede de Madrid de la ELP. Ha sido docente de la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria durante 15 años y ha escrito numerosos artículos, trabajos y colaboraciones en los temas de frontera del psicoanálisis y medicina. Editor del blog: “Psicoanálisis y Medicina” (www.psicoanálisisymedicina.blogspot.com).
23.5.10
La fibromialgia a debate.
Con una numerosa asistencia -alrededor de 100 personas- se presentó en la Casa de la Cultura del Ayuntamiento de Gandía, el día 21 de mayo de 2010, el libro: El dolor y los lenguajes del cuerpo.
El acto estuvo organizado por la Asociación de Fibromialgia y Fatiga Crónica de la localidad.
Entre el público había numerosas pacientes que forman parte de la Asociación.
Tengo que decir que el debate y las preguntas que se formularon fueron de mucho interés.
Acercar los postulados del psicoanálisis y el trabajo clínico que desarrollé en los últimos años sobre la fibromialgia era un desafío para mí.
Otro discurso pudo ser escuchado y explicado.
La medicina se encuentra en un impass en el tratamiento del dolor crónico porque aborda el tratamiento de este padecimiento en las coordenadas de considerar el cuerpo como una máquina, excluyendo la subjetividad. Para el psicoanálisis el cuerpo y el organismo no son la misma cosa.
La discusión sobre el origen psíquico o somático de la fibromialgia es una discusión falsa y equivocada. Desde Freud el psicoanálisis elabora una teoría que articula lo psíquico y lo somático. El cuerpo en el ser humano está hecho con las palabras y en el encuentro con el lenguaje.
Un tratamiento desde el psicoanálisis en alianza con la medicina es posible. La palabra es una herramienta fundamental para tratar los síntomas corporales allí donde la medicina se encuentra con un límite.
Las orientaciones terapeúticas que les proponen una salida del lado de la fatalidad del destino, de la adaptación al dolor como es el caso de la Terapias Cognitivo-conductuales les colocaban en un callejón sin salida.
Se comentaron algunas viñetas clínicas recogidas en el libro.
En el debate también se planteo que las reivindicaciones de las asociaciones reivindicando más recursos para el tratamiento de la fibromialgia son justas, pero que eso no obvia el hecho de que las mujeres que padecen del "dolor crónico" también tienen que preguntarse por su causa. Ellas también se tienen que hacer cargo de la parte que les corresponde, ellas tienen que hacerse cargo de encontrar una salida al sufrimiento que padecen. Desde el psicoanálisis se les ofrece una escucha para que ese trabajo lo puedan hacer.
El acto se prolongó durante dos horas y nadie se levantaba de la silla. Al final un empleado del ayuntamiento nos comunicaba que teníamos que terminar.
La Asociación me entregó un obsequio y entre aplausos se dió por finalizado el acto.
Numerosas mujeres se acercaron una a una para hablar un "ratito". Me contaban algunas historias muy personales. Alguna puerta quedó abierta y algunas preguntas también.
Tengo que reconocer que fue emotivo para mi.
Me daba cuenta de la posibilidad y la potencialidad de que el discurso analítico pueda abrirse paso más allá de sus fronteras.
Santiago Castellanos.
El acto estuvo organizado por la Asociación de Fibromialgia y Fatiga Crónica de la localidad.
Entre el público había numerosas pacientes que forman parte de la Asociación.
Tengo que decir que el debate y las preguntas que se formularon fueron de mucho interés.
Acercar los postulados del psicoanálisis y el trabajo clínico que desarrollé en los últimos años sobre la fibromialgia era un desafío para mí.
Otro discurso pudo ser escuchado y explicado.
La medicina se encuentra en un impass en el tratamiento del dolor crónico porque aborda el tratamiento de este padecimiento en las coordenadas de considerar el cuerpo como una máquina, excluyendo la subjetividad. Para el psicoanálisis el cuerpo y el organismo no son la misma cosa.
La discusión sobre el origen psíquico o somático de la fibromialgia es una discusión falsa y equivocada. Desde Freud el psicoanálisis elabora una teoría que articula lo psíquico y lo somático. El cuerpo en el ser humano está hecho con las palabras y en el encuentro con el lenguaje.
Un tratamiento desde el psicoanálisis en alianza con la medicina es posible. La palabra es una herramienta fundamental para tratar los síntomas corporales allí donde la medicina se encuentra con un límite.
Las orientaciones terapeúticas que les proponen una salida del lado de la fatalidad del destino, de la adaptación al dolor como es el caso de la Terapias Cognitivo-conductuales les colocaban en un callejón sin salida.
Se comentaron algunas viñetas clínicas recogidas en el libro.
En el debate también se planteo que las reivindicaciones de las asociaciones reivindicando más recursos para el tratamiento de la fibromialgia son justas, pero que eso no obvia el hecho de que las mujeres que padecen del "dolor crónico" también tienen que preguntarse por su causa. Ellas también se tienen que hacer cargo de la parte que les corresponde, ellas tienen que hacerse cargo de encontrar una salida al sufrimiento que padecen. Desde el psicoanálisis se les ofrece una escucha para que ese trabajo lo puedan hacer.
El acto se prolongó durante dos horas y nadie se levantaba de la silla. Al final un empleado del ayuntamiento nos comunicaba que teníamos que terminar.
La Asociación me entregó un obsequio y entre aplausos se dió por finalizado el acto.
Numerosas mujeres se acercaron una a una para hablar un "ratito". Me contaban algunas historias muy personales. Alguna puerta quedó abierta y algunas preguntas también.
Tengo que reconocer que fue emotivo para mi.
Me daba cuenta de la posibilidad y la potencialidad de que el discurso analítico pueda abrirse paso más allá de sus fronteras.
Santiago Castellanos.
16.5.10
Presentación del libro: "El dolor y los lenguajes del cuerpo", en Gandía
Viernes, 21 de mayo de 2010
Presentación del libro“El dolor y los lenguajes del cuerpo” del Dr. Santiago Castellanos.
Conferencia-coloquio: “El lado humano de la fibromialgia”, a cargo del autor del libro.
Lugar: Casa de Cultura “Marqués de González de Quirós”
Paseo de las Germanías, 13. Gandía
Hora: 20:00
Gandia, mayo de 2010
Colaboran / Col·laboren:
Ajuntament de Gandia. Regidoria de Col·lectius Socials.
Mancomunitat de Municipis de La Safor
Casa de Cultura “Marqués de González de Quirós”
Fundar-Voluntariat
Any Borja
13.5.10
PRESENTACION DEL LIBRO "EL DOLOR Y LOS LENGUAJES DEL CUERPO" EN A CORUÑA
Presenta Liana Velado, con la presencia del autor.
Hora:
Lugar:
Viernes, 14 de mayo de 2010
20:00 - 21:30
A Coruña, Fundación Caixa Galicia. Cantón Grande 21-24
18.4.10
A favor de otra mirada
por Jacqueline Berger.
Existe la mirada que encierra, la mirada que da una perspectiva, la mirada que te hace sentir que estás creciendo, la mirada que se clava en ti, la mirada que reconoce el eco del semejante, la mirada que separa, la mirada que disloca, la mirada que tranquiliza, la mirada que aliena, la mirada que confiere existencia al Otro en tanto que ser separado de su propia existencia…
Y es que la mirada, como lo podemos constatar cada día en nuestra vida cotidiana, resulta ampliamente influida por la idea que tenemos de aquello que una etiqueta, una categoría, una palabra designan.
Si me presento ante vosotros como periodista o como madre concernida por la problemática autista, o como cualquier otra cosa que elija poner por delante, la mirada que vais a poner en mi, en mi intervención de hoy, resultará ligeramente diferente, aparecerá determinada por lo que sabéis de tal o cual categoría que me designa como incluida en un grupo.
Yo escribí el libro Salir del autismo con la esperanza de producir un cambio aunque fuera pequeño, aunque fuera mínimo, en la mirada que cada uno de nosotros ponemos en las personas que agrupamos bajo el significante de autismo.
- Para que se miren de otra manera los desórdenes visibles, los síntomas que saltan a la vista y que a veces, incluso, petrifican a los que tenemos en frente, aniquilando la posibilidad de su pensamiento al provocarles reflejos de miedo o de angustia.
- Para que estas manifestaciones sean comprendidas por lo que son: manifestaciones de sufrimiento, y no como la rúbrica de un estado de deficiencia irremediable o como algo amenazante para uno mismo.
Cuando miramos las cosas de esta manera - y esto es tan importante para un niño con dificultades que, como todos los demás niños, es un sujeto en construcción - estamos dando a este niño otra pequeña oportunidad de « terminar de nacer », según la expresión que tanto me gusta de Barbara Donville o, lo que es lo mismo, de entrar en la sociedad.
Y es aquí donde está en juego la mirada de cada uno de nosotros y no sólo la de los padres o de los allegados está en juego: es necesario que esta sociedad tenga ganas de comprender lo que está en juego para niños que no crecen de manera ordinaria, es necesario también que acoja los desvíos dentro de una normalidad ambiental, que entienda que en estas diferencias hay también una fuente de riqueza y creatividad.
A contracorriente del discurso que categoriza con exceso los síntomas hasta perder el deseo de buscarles un sentido…, quisiera hacer oír que existe la posibilidad de una evolución positiva de los síndromes autistas, que los niños calificados de « autistas » no están programados para permanecer encerrados dentro de su estructura ni para ser esencialmente autistas, que hay tantos autismos como niños diagnosticados como tales, que una vez establecido el diagnóstico y los sufrimientos reconocidos, hay que olvidarlo para construir el camino singular de cada uno, porque no hay un modelo, queda todo por inventar para cada sujeto, en cada caso y esto exige una energía considerable para los padres y para todos los que se ocupan de ellos.
El deber de la sociedad entera es ayudarles. Ellos necesitan ayuda material, necesitan recursos, pero ante todo necesitan esta fraternidad de una mirada que no evalúa antes de comprender, que no se siente en peligro por la diferencia, que, incluso y sobretodo, busca alimento en esta diferencia. Ahí empieza la reparación mediante el vínculo, ahí empieza un intercambio mutuo. Abrir este camino es un trabajo largo y agotador, pero da sus frutos y esto tan sólo se puede plantear si terminamos con la convicción de que el estado autístico es una fatalidad: un defecto insuperable de genes y de neuronas defectuosas. Ello será posible sólo si la angustia por el futuro deja de teñir las miradas y ellas pueden abrirse al presente.
Es el miedo el que actualmente nos lleva a clasificar a los niños en categorías cada vez más afinadas según sus comportamientos. Es, realmente, el miedo el que hace leer cualquier diferencia con el prisma de la deficiencia, de la falta. Las denominaciones estancas que tienden a excluir del campo de la humanidad común se multiplican cada vez más para preservarnos de algo que, de otro modo, nos tocaría demasiado íntimamente.
Y, sin embargo, ¿es preciso recordarlo? Entre lo patológico y lo normal hay un continuo. Sí, ¡uno se puede deslizar de un lado a otro en los dos sentidos, en un momento dado, en una vida, con una o dos generaciones de por medio!
He escrito este libro con la aspiración de llegar a un público exterior del que se podría denominar « el mundo del autismo », un público más amplio que el de los padres, el entorno en sentido amplio, porque la mirada que se pone en los síntomas de un niño en construcción es capital; ya que el pequeño humano, el muy pequeño ser humano, cualquiera que sea su manera de crecer, sean cuales sean sus enfermedades, sus sufrimientos, se construye, en primer lugar, ante la mirada de los otros. Hay miradas que abren a un porvenir, que abren perspectivas o, a la inversa, que encierran.
Hay miradas, proyecciones relacionadas con el vocabulario empleado y con la fijeza que transmiten, que sostienen o, por el contrario, que hieren aún más.
He querido centrar esta intervención en el tema de la mirada en el autismo infantil porque hay dos maneras de contemplar a los niños con dificultades tan importantes de relación y de comportamiento: o bien mirarlos a través de lo que les falta o bien considerar, en primer lugar, sus capacidades.
Un niño atrapado en la problemática del autismo es devorado por angustias multiformes, por miedos cuya intensidad no nos imaginamos. Estamos hablando de niños que no han podido investir la mirada del Otro como algo que contiene, algo que permite explorar un espacio seguro entre él y el Otro, que le permita sentir que existe en un continuum con límites.
En estas condiciones, la mirada siempre puede producir fracturas, puede resultar punzante, perseguidora. En estas condiciones, también, el don de una mirada benévola, que contiene, que se deja guiar por lo que ocurre en el momento, en términos de emoción, de relación, es tanto más necesaria y reparadora.
Este don es la gratuidad plena y entera.
Es lo contrario de una mirada cerrada, de la mirada del que sabe, que proyecta demasiadas imágenes que no se corresponden con lo que el niño siente. Se trata de una mirada que no se deja enseñar por el niño.
Estos niños, más que otros, durante más tiempo que otros, estos niños necesitan una mirada que busca una concordancia emocional y afectiva para comprometerse en el vínculo con el otro, con la mutualidad que esto supone.
El titubeo de la mirada supone el abandono de la búsqueda de una certeza, supone tomar el riesgo de no saber, de equivocarse. Pero no se vive sin riesgo y éste es más fecundo, más portador de vida que las proyecciones poco gloriosas que les encierran, rápidamente, en un destino seguro, categorizado según los principios teóricos válidos para todos.
Cuando se habla de los más pequeños, con los que todo queda por construir- en los estudios científicos, se evoca, cada vez más a menudo, la plasticidad neuronal- la mirada que se detiene en el « pleno » es más creativa, es la que devuelve el individuo a su existencia entera, como individuo, porque respeta lo que hay de positivo, porque empuja hacia el salto existencial, sin reducir la dimensión del ser a sus dificultades.
Esta mirada ofrece la posibilidad de seguir en lo cotidiano ya que todo se juega en lo cotidiano, en los pequeños hechos y gestos, en las palabras menudas, así como en los tiempos de atención y de educación. Una pregunta que sigue sin respuesta, un acto inapropiado frente a una demanda -aunque esta demanda sea, ella también, inapropiada-, se añade a las heridas que alimentan un sentimiento de inexistencia ya demasiado imponente.
Esta mirada otorga la capacidad de dar seguridad, de contener, la necesidad de controlar sus propios miedos, de interrogarse sin cesar sobre lo que alimenta nuestra propia mirada sobre el mundo y sobre el Otro. Esto lleva a veces a confrontarse con vértigos personales porque los terrores que sienten estos niños son también los nuestros, sentidos en un momento u otro de nuestra existencia, dominados, poco a poco, gracias a la suerte, al amor de los seres queridos…
Si estamos bien es también porque hemos escapado al estupor, entendida como petrificación de las emociones pero, en cada uno de nosotros, hay huellas de estas heridas existenciales, de estos grandes miedos fundamentales relacionados con el temor a la muerte. Y no se precisa gran cosa para reactivarlos.
No hay una manera única de estar en el mundo, una manera única de triunfar en la vida sino que cada ser humano se construye integrando en su interior las diferentes miradas de los otros. Y la mirada está cargada de nuestros sentimientos conscientes pero también de nuestras emociones inconscientes.
No he querido dar testimonio de mi historia personal si no de este peso de la mirada para que cada uno de nosotros se sienta concernido. He experimentado a lo largo de mi recorrido como madre el consuelo de la mirada que ayuda a sentirse orgullosa, que ayuda a sortear dificultades, a encontrar soluciones, a tomar conciencia de su propia mirada sobre su niño, y a estar feliz de cambiarla, porque le alegra la vida al sentirse pertenecer a la comunidad de los otros.
También he experimentado la amargura de miradas que hunden en un papel de víctima, que excluyen, que minan la confianza en uno mismo, que descalifican.
Los padres no pueden estar solos aunque se agrupen entre ellos. Necesitan a toda la sociedad para inventar sin cesar nuevas soluciones, reales y humanas, que no estén únicamente bajo el semblante de la inclusión, sino que les permitan una inscripción verdadera en la comunidad humana; arreglos singulares que hacen atemperar la angustia ante el mundo y que permiten a las creatividades singulares realizarse en pos del enriquecimiento de todos.
El bienestar no puede conformarse con respuestas estandarizadas, protocolarias, reproductibles de uno a otro, que engendren guetos. No existen soluciones masivas al autismo y la vía de la esperanza me parece que se encuentra en la preservación de la variedad, en la agilidad de las pequeñas estructuras que promueven la creación.
Los niños gravemente perturbados necesitan, más que nada, una mirada que no evalúe antes de ver, que no lo mida todo con un rasero estándar, una mirada que dé a los otros la posibilidad de ser plenamente lo que es, por muy extraño e incómodo que sea.
Una mirada que de existencia, que no busque dominar. Es una mirada que da, que sostiene, que comparte, que no afirma su superioridad aunque sea por la vía indirecta de la piedad.
* Intervención realizada en el Congreso sobre "La especificidad de los funcionamientos de la persona con autismo" el 28 y 29 de enero de 2010 en Dijon (Francia), en la sesión titulada "La mirada de los otros sobre el funcionamiento singular del niño autista".
Jacqueline Berger es periodista y autora del libro Sortir de l’autisme, Ed. Buchet-Chastel (2008). Traducción: Dora Maestre con la colaboración de V. Coccoz y C. Cuñat.
RECOGIDO DE: ACTUALIDAD DEL FORO SOBRE EL AUTISMO.
http://foroautismo.blogspot.com/ Número 4, 17 de abril de 2010
Existe la mirada que encierra, la mirada que da una perspectiva, la mirada que te hace sentir que estás creciendo, la mirada que se clava en ti, la mirada que reconoce el eco del semejante, la mirada que separa, la mirada que disloca, la mirada que tranquiliza, la mirada que aliena, la mirada que confiere existencia al Otro en tanto que ser separado de su propia existencia…
Y es que la mirada, como lo podemos constatar cada día en nuestra vida cotidiana, resulta ampliamente influida por la idea que tenemos de aquello que una etiqueta, una categoría, una palabra designan.
Si me presento ante vosotros como periodista o como madre concernida por la problemática autista, o como cualquier otra cosa que elija poner por delante, la mirada que vais a poner en mi, en mi intervención de hoy, resultará ligeramente diferente, aparecerá determinada por lo que sabéis de tal o cual categoría que me designa como incluida en un grupo.
Yo escribí el libro Salir del autismo con la esperanza de producir un cambio aunque fuera pequeño, aunque fuera mínimo, en la mirada que cada uno de nosotros ponemos en las personas que agrupamos bajo el significante de autismo.
- Para que se miren de otra manera los desórdenes visibles, los síntomas que saltan a la vista y que a veces, incluso, petrifican a los que tenemos en frente, aniquilando la posibilidad de su pensamiento al provocarles reflejos de miedo o de angustia.
- Para que estas manifestaciones sean comprendidas por lo que son: manifestaciones de sufrimiento, y no como la rúbrica de un estado de deficiencia irremediable o como algo amenazante para uno mismo.
Cuando miramos las cosas de esta manera - y esto es tan importante para un niño con dificultades que, como todos los demás niños, es un sujeto en construcción - estamos dando a este niño otra pequeña oportunidad de « terminar de nacer », según la expresión que tanto me gusta de Barbara Donville o, lo que es lo mismo, de entrar en la sociedad.
Y es aquí donde está en juego la mirada de cada uno de nosotros y no sólo la de los padres o de los allegados está en juego: es necesario que esta sociedad tenga ganas de comprender lo que está en juego para niños que no crecen de manera ordinaria, es necesario también que acoja los desvíos dentro de una normalidad ambiental, que entienda que en estas diferencias hay también una fuente de riqueza y creatividad.
A contracorriente del discurso que categoriza con exceso los síntomas hasta perder el deseo de buscarles un sentido…, quisiera hacer oír que existe la posibilidad de una evolución positiva de los síndromes autistas, que los niños calificados de « autistas » no están programados para permanecer encerrados dentro de su estructura ni para ser esencialmente autistas, que hay tantos autismos como niños diagnosticados como tales, que una vez establecido el diagnóstico y los sufrimientos reconocidos, hay que olvidarlo para construir el camino singular de cada uno, porque no hay un modelo, queda todo por inventar para cada sujeto, en cada caso y esto exige una energía considerable para los padres y para todos los que se ocupan de ellos.
El deber de la sociedad entera es ayudarles. Ellos necesitan ayuda material, necesitan recursos, pero ante todo necesitan esta fraternidad de una mirada que no evalúa antes de comprender, que no se siente en peligro por la diferencia, que, incluso y sobretodo, busca alimento en esta diferencia. Ahí empieza la reparación mediante el vínculo, ahí empieza un intercambio mutuo. Abrir este camino es un trabajo largo y agotador, pero da sus frutos y esto tan sólo se puede plantear si terminamos con la convicción de que el estado autístico es una fatalidad: un defecto insuperable de genes y de neuronas defectuosas. Ello será posible sólo si la angustia por el futuro deja de teñir las miradas y ellas pueden abrirse al presente.
Es el miedo el que actualmente nos lleva a clasificar a los niños en categorías cada vez más afinadas según sus comportamientos. Es, realmente, el miedo el que hace leer cualquier diferencia con el prisma de la deficiencia, de la falta. Las denominaciones estancas que tienden a excluir del campo de la humanidad común se multiplican cada vez más para preservarnos de algo que, de otro modo, nos tocaría demasiado íntimamente.
Y, sin embargo, ¿es preciso recordarlo? Entre lo patológico y lo normal hay un continuo. Sí, ¡uno se puede deslizar de un lado a otro en los dos sentidos, en un momento dado, en una vida, con una o dos generaciones de por medio!
He escrito este libro con la aspiración de llegar a un público exterior del que se podría denominar « el mundo del autismo », un público más amplio que el de los padres, el entorno en sentido amplio, porque la mirada que se pone en los síntomas de un niño en construcción es capital; ya que el pequeño humano, el muy pequeño ser humano, cualquiera que sea su manera de crecer, sean cuales sean sus enfermedades, sus sufrimientos, se construye, en primer lugar, ante la mirada de los otros. Hay miradas que abren a un porvenir, que abren perspectivas o, a la inversa, que encierran.
Hay miradas, proyecciones relacionadas con el vocabulario empleado y con la fijeza que transmiten, que sostienen o, por el contrario, que hieren aún más.
He querido centrar esta intervención en el tema de la mirada en el autismo infantil porque hay dos maneras de contemplar a los niños con dificultades tan importantes de relación y de comportamiento: o bien mirarlos a través de lo que les falta o bien considerar, en primer lugar, sus capacidades.
Un niño atrapado en la problemática del autismo es devorado por angustias multiformes, por miedos cuya intensidad no nos imaginamos. Estamos hablando de niños que no han podido investir la mirada del Otro como algo que contiene, algo que permite explorar un espacio seguro entre él y el Otro, que le permita sentir que existe en un continuum con límites.
En estas condiciones, la mirada siempre puede producir fracturas, puede resultar punzante, perseguidora. En estas condiciones, también, el don de una mirada benévola, que contiene, que se deja guiar por lo que ocurre en el momento, en términos de emoción, de relación, es tanto más necesaria y reparadora.
Este don es la gratuidad plena y entera.
Es lo contrario de una mirada cerrada, de la mirada del que sabe, que proyecta demasiadas imágenes que no se corresponden con lo que el niño siente. Se trata de una mirada que no se deja enseñar por el niño.
Estos niños, más que otros, durante más tiempo que otros, estos niños necesitan una mirada que busca una concordancia emocional y afectiva para comprometerse en el vínculo con el otro, con la mutualidad que esto supone.
El titubeo de la mirada supone el abandono de la búsqueda de una certeza, supone tomar el riesgo de no saber, de equivocarse. Pero no se vive sin riesgo y éste es más fecundo, más portador de vida que las proyecciones poco gloriosas que les encierran, rápidamente, en un destino seguro, categorizado según los principios teóricos válidos para todos.
Cuando se habla de los más pequeños, con los que todo queda por construir- en los estudios científicos, se evoca, cada vez más a menudo, la plasticidad neuronal- la mirada que se detiene en el « pleno » es más creativa, es la que devuelve el individuo a su existencia entera, como individuo, porque respeta lo que hay de positivo, porque empuja hacia el salto existencial, sin reducir la dimensión del ser a sus dificultades.
Esta mirada ofrece la posibilidad de seguir en lo cotidiano ya que todo se juega en lo cotidiano, en los pequeños hechos y gestos, en las palabras menudas, así como en los tiempos de atención y de educación. Una pregunta que sigue sin respuesta, un acto inapropiado frente a una demanda -aunque esta demanda sea, ella también, inapropiada-, se añade a las heridas que alimentan un sentimiento de inexistencia ya demasiado imponente.
Esta mirada otorga la capacidad de dar seguridad, de contener, la necesidad de controlar sus propios miedos, de interrogarse sin cesar sobre lo que alimenta nuestra propia mirada sobre el mundo y sobre el Otro. Esto lleva a veces a confrontarse con vértigos personales porque los terrores que sienten estos niños son también los nuestros, sentidos en un momento u otro de nuestra existencia, dominados, poco a poco, gracias a la suerte, al amor de los seres queridos…
Si estamos bien es también porque hemos escapado al estupor, entendida como petrificación de las emociones pero, en cada uno de nosotros, hay huellas de estas heridas existenciales, de estos grandes miedos fundamentales relacionados con el temor a la muerte. Y no se precisa gran cosa para reactivarlos.
No hay una manera única de estar en el mundo, una manera única de triunfar en la vida sino que cada ser humano se construye integrando en su interior las diferentes miradas de los otros. Y la mirada está cargada de nuestros sentimientos conscientes pero también de nuestras emociones inconscientes.
No he querido dar testimonio de mi historia personal si no de este peso de la mirada para que cada uno de nosotros se sienta concernido. He experimentado a lo largo de mi recorrido como madre el consuelo de la mirada que ayuda a sentirse orgullosa, que ayuda a sortear dificultades, a encontrar soluciones, a tomar conciencia de su propia mirada sobre su niño, y a estar feliz de cambiarla, porque le alegra la vida al sentirse pertenecer a la comunidad de los otros.
También he experimentado la amargura de miradas que hunden en un papel de víctima, que excluyen, que minan la confianza en uno mismo, que descalifican.
Los padres no pueden estar solos aunque se agrupen entre ellos. Necesitan a toda la sociedad para inventar sin cesar nuevas soluciones, reales y humanas, que no estén únicamente bajo el semblante de la inclusión, sino que les permitan una inscripción verdadera en la comunidad humana; arreglos singulares que hacen atemperar la angustia ante el mundo y que permiten a las creatividades singulares realizarse en pos del enriquecimiento de todos.
El bienestar no puede conformarse con respuestas estandarizadas, protocolarias, reproductibles de uno a otro, que engendren guetos. No existen soluciones masivas al autismo y la vía de la esperanza me parece que se encuentra en la preservación de la variedad, en la agilidad de las pequeñas estructuras que promueven la creación.
Los niños gravemente perturbados necesitan, más que nada, una mirada que no evalúe antes de ver, que no lo mida todo con un rasero estándar, una mirada que dé a los otros la posibilidad de ser plenamente lo que es, por muy extraño e incómodo que sea.
Una mirada que de existencia, que no busque dominar. Es una mirada que da, que sostiene, que comparte, que no afirma su superioridad aunque sea por la vía indirecta de la piedad.
* Intervención realizada en el Congreso sobre "La especificidad de los funcionamientos de la persona con autismo" el 28 y 29 de enero de 2010 en Dijon (Francia), en la sesión titulada "La mirada de los otros sobre el funcionamiento singular del niño autista".
Jacqueline Berger es periodista y autora del libro Sortir de l’autisme, Ed. Buchet-Chastel (2008). Traducción: Dora Maestre con la colaboración de V. Coccoz y C. Cuñat.
RECOGIDO DE: ACTUALIDAD DEL FORO SOBRE EL AUTISMO.
http://foroautismo.blogspot.com/ Número 4, 17 de abril de 2010
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